Edgardo Arredondo Gómez (*)

Una cosa era cometer un error, otra cosa era seguir cometiéndolo.— Jodi Picoult

Siguiendo con las buenas noticias en temas de salud, en donde el gobierno actual se está poniendo las pilas, continuamos con este agradable giro de 180 grados: regresar al país productor de vacunas que fuimos. Tenemos el anuncio que involucra a la farmacéutica estadounidense Moderna, la paraestatal Birmex y al laboratorio mexicano Liomont. El objetivo es desarrollar la producción de vacunas de ARN mensajero. Se realizará una transferencia de la metodología para la elaboración de este tipo de biológicos, muy cuestionados por los llamados grupos antivacunas y otros detractores, llamémosles un poco más serios, y que basan sus objeciones en una posible entrada al núcleo de las células para alterar el ADN (molécula que contiene las instrucciones genéticas heredadas para el desarrollo, funcionamiento y reproducción de los seres humanos).

Este tipo de vacunas representan un gran avance, ya que se pasa de inyectar virus debilitados a entregar “instrucciones genéticas” directamente a las células. Para esto recordemos que las vacunas tradicionales funcionaban al inyectar virus débiles o muertos. Para atenuar un virus y tener una vacuna, se pueden usar métodos que lo obligan a adaptarse a entornos que no son su hábitat natural, haciendo que pierda su “fuerza” para enfermar a los humanos. Los métodos más utilizados han sido el cultivo repetido, hacer que el virus aprenda a replicarse en células que no son humanas, por ejemplo de embriones de pollo, esto hace que el virus mute y solo pueda reproducirse en pollos y al ser inoculado a los humanos no reconoce a las células, no las invade y está tan debilucho que fácilmente es destruido por nuestras defensas. También tenemos las llamadas inactivadas, donde el virus está muerto, destruido con calor, radiación o químicos; en pocas palabras: el cadáver de un virus como ocurre con la de la polio inyectable o la rabia. La otra manera es debilitarlo mediante el control de la temperatura, hacer que solo se reproduzcan a 25°, de tal manera que, al entrar al cuerpo humano con 36°, el virus no puede replicarse y es fácilmente destruido, algo así como dejar a un oso polar en el desierto del Sahara; un virus vivo, pero muy débil, como ocurre en el caso de la vacuna del sarampión y la varicela. ¿Cómo funcionan estas vacunas?: imaginemos que en una ciudad se pegan carteles de advertencia en muros y postes con la foto de un malandro, de tal forma que cuando el malhechor se pasea por las calles, al ser reconocido, le cae la policía, los militares y demás.

Con la ingeniería moderna con la que vamos a contar ocurre lo siguiente: Se eliminan genes específicos, por ejemplo las partes del ADN o ARN del virus que causan la enfermedad, dejando solo las que activan las defensas (vacunas contra el Covid) o hacen reordenamiento: mezclan genes de un virus inofensivo con genes de uno peligroso (como se hace contra el rotavirus). Hagamos de cuenta el mismo escenario de la ciudad, pero en lugar de poner la foto del malhechor, solo se coloca una gorra de determinado color (para no herir susceptibilidades, escójalo usted) y digamos que en ese aditamento está la llave que ocasionará el problema; de tal manera que las fuerzas del orden captan el mensaje y van a caerle solo a los que traen la gorrita o en el segundo caso a un sujeto no tan peligroso pero que se le ocurre portar la gorra del malandro más malandro. De las dos maneras la reacción es inmediata y sin ningún peligro, por la razón de que ningún ciudadano, en este caso, las células de nuestro cuerpo portan la mentada gorrita. Es claro que en teoría son vacunas inofensivas para la salud.

Pues así, de este gran tamaño es la tecnología que México va a desarrollar en un principio para vacunas contra el Covid, en este caso la llamada vacuna mRNA-1273. Esto será gradual: primero se importará el producto terminado, luego la formulación y envasado local, y finalmente la fabricación del principio activo ARNm. Resalta para los economistas el que sea el primer proyecto alineado con el Plan México, que promueve inversiones y capacidades productivas nacionales para mayor autosuficiencia sanitaria.

Pero, no todo es luz y color, pues no podemos evitar preguntar: ¿Y la vacuna Patria, apá? Recordemos que hace exactamente cinco años, López Obrador prometió que México tendría la vacuna para combatir la pandemia de Covid-19, que sería producida por el Conacyt y se aplicaría en noviembre de 2021. El 30 de agosto de 2022, el nefasto Hugo López-Gatell afirmó que la vacuna había mostrado índices de desarrollo de inmunidad que parecían “superar a otras vacunas en el mundo”. El 24 de octubre de 2023, en una mañanera se supone que López Obrador, delante de cámaras, se aplicó una dosis de la vacuna cubana Abdala y aseguró que la Patria estaría lista a finales de noviembre de ese año: “Ya vamos a tener la vacuna Patria…, ya se hicieron todas las pruebas…, pasaron las pruebas. ¡Ya México tiene su vacuna, eso es lo que puedo decir! Creo que el mes próximo, a finales de noviembre”. Tres meses después, justificó el retraso diciendo que: “No son tamalitos de chipilín”. Y se marchó…, y le entregó la estafeta del engaño a Claudia Sheinbaum que, en octubre del año pasado dijo: “Ya se tienen las vacunas, … y una parte es la Patria en el caso de Covid-19”. Sin embargo, nunca llegó y se dijo: “que ya no, pero sí alguna vez… será…, en algún momento”.

Recientemente David Kershenobich (a este señor médico sí le creo todo) admitió que ya no saldría, pero que todo el avance o plataforma podría utilizarse para fabricar la vacuna contra la fiebre amarilla; sí, leyó usted bien: la fiebre amarilla, una enfermedad erradicada en México desde 1923, al eliminar el vector transmisor, por cierto, el mismo mosquito “aedes aegypti” que sigue dando lata, pero además ya hay vacuna desde 1933, hecha a partir del virus atenuado; México no la produce, porque no la requiere, pero puede exportarla para recuperar algo, aunque como van las cosas, no es descabellado pensar en el regreso de la enfermedad. Pero hay más, es posible que nunca sepamos, si en verdad se intentó desarrollar, hasta dónde llegó, y mucho menos nos enteraremos de cuantos millones de pesos se invirtieron, porque: ¡ya se la saben mi gente…, información reservada por seguridad nacional!.. el sello de la casa.

Y así, aquella vacuna que nació muerta y que se supone que se llamaría Patria en alusión al poema de la Suave Patria, de Ramón López Velarde, terminó siendo… un suave embuste.— Mérida, Yucatán

Médico y escritor

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