Con cuánta rapidez entramos en Yucatán en terrenos de la mentira y de su parentela, conformada por el ocultamiento, el encubrimiento, la falta de transparencia, el disfraz de la realidad.
Ayer, un periodista de Grupo Megamedia fue impedido con lujo de violencia de realizar su trabajo informativo, por un agente de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), en medio de amplio operativo para, al parecer, encubrir un hecho policíaco.
El vehículo que chocó es el asignado, según se dijo, a un alto mando de la corporación policíaca. La SSP hizo una operación tan amplia que cerró por completo el Periférico, a la altura de Dzununcán.
¿Por qué hacer una magna operación policíaca por un choque? ¿A qué obedece la acción para impedir el trabajo del periodista? ¿Qué de inconfesable tiene que choque el vehículo de un alto mando policíaco? ¿Acaso no cualquiera puede verse involucrado en un hecho de tránsito?
El policía agredió al periodista, que grababa con su celular, al punto de casi hacerlo perder su herramienta de trabajo. Como se explica en la nota, no había cintas restrictivas de por medio para impedir el paso de personas. De haber sido así, se entendería que el periodista debió solicitar permiso para pasar. Pero no, el área sólo estaba delimitada con conos, señales viales para impedir el paso de vehículos. El periodista dejó atrás su motocicleta, fuera del área resguardada, y accedió a pie.
De nuevo las preguntas: ¿por qué tan estricto operativo por un choque al parecer común? ¿Por qué impedir el trabajo periodístico? ¿Por qué agredir? Si el periodista fuera de otro medio, ¿lo habrían tratado de la misma forma salvaje?
¿Qué podemos esperar como sociedad de los agentes de la ley, si vemos este tipo de comportamientos agresivos contra un comunicador? ¿Callar y acostumbrarnos? ¿Sumarnos a las crecientes estadísticas de ataques a periodistas en el país? O levantar la voz y no dejarlos pasar, como se hizo y se dio a conocer con amplitud en el pasado.
En 2015, y lo mismo en 2022, el mismo reportero, que hacía su labor periodística sin violar regla alguna, fue detenido con violencia, incluso esposado, por agentes de la misma corporación. Son hechos que llevan a la misma hipótesis que ahora: ¿se encubre algo?
Como ha consignado el Diario con amplitud, y organismos no gubernamentales nacionales e internacionales dieron cuenta y agregaron en sus expedientes, hay larga fila de periodistas de este medio agredidos por autoridades y ocupantes del poder.
El de las agresiones a periodistas no es tema menor, menos en México. Es, por el contrario, de muy alta relevancia. Las agresiones a comunicadores siguen en aumento en el país, de manera impune en un elevadísimo porcentaje de casos.
La agrupación Artículo 19 lleva un pormenorizado y macabro conteo de periodistas asesinados en México desde el año 2000. De entonces a la fecha, 176 comunicadores han perdido la vida por ejercer su oficio. La cifra incuye 2026, con uno, el 8 de enero. De los 176, doce son mujeres.
Las cifras de Artículo 19 muestran que, de los 176 periodistas asesinados desde el año 2000, tres fueron privados de la vida el último año de la administración de Ernesto Zedillo y 21 en el sexenio de Vicente Fox.
Con Felipe Calderón la cifra ascendió a 48, y con Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador fueron idénticas cantidades de 47 en cada uno de esos sexenios.
En el gobierno de Claudia Sheinbaum, el número de periodistas asesinados asciende a nueve, en 18 meses de administración.
Es importante alzar la voz para impedir que esta práctica llegue a Yucatán. No dejemos pasar una agresión, porque el riesgo de que se convierta en metástasis es alto.
Como ciudadanía, exijamos a las autioridades cumplir su papel de protectores de la sociedad, no de agresores, como en este caso.
Agredir a un periodista es intentar acallarlo. Acallar a un periodista es amordazar la verdad. Amordazar la verdad es abrir la puerta al autoritarismo y la tiranía.— Mérida, Yucatán
olegario.moguel@megamedia. com.mx
@olegariomoguel
Politólogo
