Leí esta semana un caso de estudio que me condujo inevitablemente a verlo reflejado en la situación que atraviesan el país y el Estado.
Muy socorrido por algunas instituciones de enseñanza, lo mismo de carácter empresarial, como el Ipade, que académico, como muchas universidades, entre ellas Harvard, o para reforzar capacitación sobre temas específicos, acerca de, digamos, periodismo, marketing, ventas, operaciones de piso, etc., este método contribuye con amplitud a orientar por medio del conocimiento de experiencias ajenas. En algunos casos, permite saber cómo los protagonistas han resuelto situaciones empresariales reales y complejas, y en otros, cómo el caso los superó.
El que leí trató de una empresa dedicada a la fabricación de figuras de vidrio para recuerdos. La línea de la compañía es lo de menos. Lo importante es que arrastra lo que primero fue un estancamiento y después una franca caída en ventas, en los últimos dieciocho meses.
Para afrontar la situación, la dirección general encarga la creación de un equipo multidisciplinario de trabajo, presidido por alguien contratado ex profeso para la tarea. Lo integran cada uno de los directores de las áreas de la compañía, ocho personas en total.
El caso trata de que cada director ve sus intereses y al líder del grupo, en una palabra, nadie lo pela. Cuando consigue que finalmente unos lo escuchen y decidan participar, no falta quien siempre socava las reuniones, anteponiendo sus intereses individuales, no solo negándose, sino criticando el trabajo en equipo.
Es uno de los casos que no ofrecen solución. La enseñanza está en lo que el lector asimila y lo que debe aplicar para evitar situaciones como las del caso.
Todas las señales apuntan a que en México sucede lo mismo. Desde palacio nacional todos los días se lanza propaganda política y gubernamental al pueblo, pero al interior el liderazgo está ausente, como fue desnudado la semana pasada por Mario Delgado.
Después del anuncio del secretario de Educación sobre el recorte de clases, Claudia Sheinbaum aseveró que era solo una propuesta.
Han surgido entre los comentócratas numerosas interpretaciones de tan asombroso choque de versiones, una más creíble que otra: un desencuentro entre grupos de poder en la 4T, el afán protagónico del secretario, recular al ver la reacción de la ciudadanía, los padres de familia y la CNTE en vísperas del Día del Maestro… Pero la versión más insólita es que Mario Delgado no consultó en Palacio Nacional antes de hacer el anuncio.
La declaración de la titular del Ejecutivo, al día siguiente, fue de pena ajena. Al decir que era solo una propuesta, cosa que nadie pensó tras el anuncio de Mario Delgado, la mandataria dejó claro que no es quien manda. Bien pudo escudarse en la manida frase de que el que manda es el pueblo, por eso recularon. Pero no fue así. Simplemente dijo que fue una propuesta, y con ello evidenció su falta de liderazgo.
En lo único que coincidieron fue en que había que lanzar el tema como una cortina de humo, en un intento por tapar las acusaciones de Estados Unidos contra morenistas por aliarse con carteles del narcotráfico.
Como en el estudio del caso, el líder no tiene el control de su grupo.
Entre la espada y la pared
Lo vuelve a confirmar el caso de los morenistas acusados por el Tío Sam, que tiene a Claudia Sheinbaum entre la espada y la pared, porque precisamente no controla a su grupo, menos al partido. De lo contrario, actuaría sin temblarle la mano contra los señalados y acusados. Su insistencia en pedir pruebas parece más una defensa que un apego al debido proceso. Y mientras más lo hace, más pone en duda su propia probidad.
Si confiamos en su limpieza de manos, nos preguntamos por qué insistir en lo que parece una defensa, si no es por el hecho de que ella no es la líder y que, en términos coloquiales, “todos se le suben a las barbas”.
Liderazgo es influencia. Un líder influye en su equipo. Influye en la gente para que lo sigan. Liderazgo es estimular, motivar al equipo. Liderazgo es, sobre todo, transmitir confianza.
Al no tener control sobre los suyos, Claudia Sheinbaum pierde la confianza de la población. Así lo confirman su caída de popularidad y el descontento creciente en las encuestas. Difícil entender por qué insistir en acciones que no construyen y sí socavan su autoridad y posicionamiento… A menos que lo haga en acatamiento a las instrucciones de otro u otros.
Y si ella no manda, ¿quién lo hace? Hay una fuerza muy poderosa que le impide (en caso de que ella quisiera) actuar contra aquellos que están pulverizando su liderazgo y, con ello, al país entero.
Esa fuerza poderosa antepone sus intereses al bienestar nacional y a la buena conducción del país desde el Poder Ejecutivo, y la titular de éste se sigue prestando al juego, del que no puede o no quiere salir.
Intereses particulares por encima de los colectivos, como sucede en el país y en nuestro Estado, han conducido siempre al debilitamiento de las democracias, pasando por el daño económico y el institucional.
Hoy la titular del Ejecutivo federal tiene la mesa puesta para sacudirse las larvas que le impiden actuar como tal. ¿Cómo quiere pasar a la historia?— Mérida, Yucatán
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@olegariomoguel
Politólogo
