Armando Fuentes Aguirre Catón

Ese prodigio misterioso al que llamamos vida tiene caprichosas veleidades. Te da una dolorosa bofetada y luego te acaricia la mejilla con ternura maternal. Hace unos días esa señora me puso nuevamente en ocasión de darle gracias.

He aquí que en el majestuoso recinto que ocupa el Museo de Historia Mexicana el ilustre Colegio de Cronistas e Historiadores de Monterrey A.C, me otorgó su más alto reconocimiento, la medalla que lleva el nombre de don Israel Cavazos Garza.

Tuve el honor y el privilegio de tratar a ese gran historiador que a lo largo de su muy larga vida —93 años— llevó a cabo una intensa tarea de investigación con la cual iluminó el pasado del noreste mexicano.

Una de las mejores muestras de la clara inteligencia de don Israel era su sentido del humor. Reía de buena gana cuando le decía yo que su inmenso saber lo había adquirido por ósmosis de su señora esposa, la maestra Lilia Villanueva, saltillense.

Transcribo a ese respecto un párrafo escrito por Carlos Gómez Flores, gran promotor cultural, ecologista, escritor y pilar de su solar nativo, Bustamante, Nuevo León:

“Tiempo después reuní a don Israel con otro historiador emblemático, el reconocido Cronista de Saltillo, don Armando Fuentes Aguirre, Catón. Ambos recibieron el 28 de septiembre de 2013 la máxima presea que otorgan pueblo y gobierno de Bustamante: la medalla Xicoténcatl”.

Ahora, 13 años después, recibo la que lleva el nombre de don Israel. En la ceremonia alusiva hizo mi presentación don José Antonio Quiroga, historiador, cronista, talentoso escritor y hombre de cultura. Dijo: “Hoy nos convoca la Historia. Y no hay mejor manera de honrarla que reconocer a quien con su palabra la vuelve presente todos los días. La Medalla al Mérito Histórico que esta noche recibe don Armando Fuentes Aguirre encuentra manos que la merecen con creces. Gran ser humano, el trabajo de Catón ha tocado a millones. Es un referente nacional. Aunque no tenga nombramiento diplomático oficial, es sin duda el mejor embajador de Saltillo, su queridísima ciudad. Don Armando: usted ha hecho de la palabra un puente entre el pasado y el presente. Ha defendido lo mismo nuestro idioma que nuestra libertad. Y eso, maestro, también es hacer Historia. Por su pluma incansable, por su amor a México, por enseñarnos que la vida sin una sonrisa está incompleta, hoy Nuevo León y la Historia misma le dan las gracias”.

Premio inmerecido es éste, y por lo tanto mayormente agradecido. Soy yo quien da las gracias: a los cronistas e historiadores del Colegio “Israel Cavazos Garza” y a sus directivos; a Gabriel Cavazos Villanueva por los hermosos recuerdos de sus padres; a José Antonio Quiroga, a quien tantos beneficios debo, por su generosidad.

Y a la señora Vida, por este nuevo don que mi prójimo me entrega y que unge mis días crepusculares con el bálsamo de la bondad humana.— Saltillo, Coahuila.

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