“Por fin anoche mi marido halló la forma de satisfacerme”. Esas palabras de doña Cotilla sobresaltaron a las señoras en la merienda de los jueves. Explicó ella: “Se fue a dormir al otro cuarto”.
Un barco pasó frente a una isla en medio del Pacífico y avistó a dos náufragos, hombre y mujer jóvenes, que pedían auxilio desde la playa. El capitán del navío fue en una lancha a rescatarlos. Al desembarcar vio en el tronco de una palmera cinco muescas hechas con cuchillo. Les preguntó a los náufragos: “¿Ya tienen aquí cinco semanas? ¿Cinco meses? ¿Cinco años?”. Respondió, orgulloso, el muchacho: “Las marcas no indican tiempo. Apenas llegamos ayer”.
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