Tengo 87 años bien cumplidos, incumplidos otros. A esa avanzada edad tan atrasada debería yo estar sumido en un sillón, con una cobijita en el regazo y una tacita de té en la mesita al lado.
Y sin embargo ando todavía en la gozosa legua, perorando aquí, allá y acullá y llenándome de vida en el trato con mi prójimo. Y en el retrato también, pues muchos me piden tomarse una selfi conmigo.
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