CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
¿Por qué habría de estar inconforme el “pueblo” ante las corruptelas e incongruencias del régimen? ¿Por qué tendrían que preocuparse miles de mexicanos que hoy reciben, vía el asistencialismo clientelista, recursos que antes no tenían? Por una simple razón: sin desarrollo productivo, la entrega indiscriminada de esos “apoyos” es, inevitablemente, insostenible.
Por séptimo año consecutivo, el producto interno bruto per cápita de México se contrajo en el primer trimestre de 2026. El Inegi reporta que, de enero a marzo, la economía volvió a crecer por debajo de lo necesario para elevar el ingreso promedio de la población. Las razones: creciente incertidumbre, estancamiento productivo e inversión pública y privada insuficientes (bit.ly/4dIWlSa).
La confianza del consumidor muestra señales de cautela que impactan en la economía; los efectos de la inflación en el bolsillo del “pueblo” son innegables. Para financiar obras faraónicas y empresas públicas improductivas y sostener el clientelismo, el déficit fiscal alcanza niveles récord. Ante la falta de impulso efectivo al desarrollo, la inquietud de los inversionistas aumenta.
En un contexto de creciente nerviosismo por las presiones del gobierno de Donald Trump y las acusaciones de vínculos con el narcotráfico contra líderes del obradorato, las señales de alerta se elevan. La International Chamber of Commerce advierte que, ante la incertidumbre, México podría enfrentar pérdidas de hasta 30,200 millones de dólares en inversión cancelada.
La deuda pública —que se acerca a un peligroso 60% del PIB— ronda ya los 20 billones de pesos. La inversión fija bruta registra una caída anual del 3.6% y el IMCO advierte que este indicador clave acumula 18 meses consecutivos de retrocesos. Analistas del sector privado consultados por Citi México reducen de nuevo, a apenas 1%, su pronóstico de crecimiento para 2026.
A estas presiones se suman factores externos: Estados Unidos anuncia medidas que pondrían en riesgo la llegada de millones de dólares en remesas al país (bit.ly/4utnwrh) y la agencia Moody’s reduce la calificación de México a un nivel cercano a perder el grado de inversión (bit.ly/4utnmAb). Los argumentos incluyen el deterioro fiscal, la inseguridad, la elevada deuda, la informalidad y los apoyos financieros a Pemex.
En Yucatán, el IMEF alerta que ya se resiente el freno de la economía nacional, con claras señales de bajo crecimiento y débil formalidad laboral. El empleo formal se mantiene prácticamente inmóvil, mientras que el informal aumenta 4.6%. El estancamiento se atribuye a la debilidad institucional del país, la incertidumbre jurídica y la caída sostenida de la inversión.
La economía se estanca, pero el régimen se resiste a aceptarlo. Responde con una farsa que refuerza la narrativa populista. En las últimas semanas, la confrontación entre el “pueblo” y los “perversos conservadores” que buscan recuperar privilegios acapara espacios en las “mañaneras” presidenciales. Claudia Sheinbaum denuncia incluso una “ofensiva de la derecha”.
CINISMO INAUDITO
En la tierra del “clan de los moches”, donde un voraz gobierno paralelo impone condiciones incluso al gobernador morenista, la presidenta declara en su reciente visita a Yucatán que “ya no son tiempos de privilegios, corrupción y saqueo”. Con cinismo inaudito, afirma ante cientos de acarreados que “aquí ya no deciden unos cuantos ni grupos de poder económico”.
Entre la espada y la pared, con el yugo de Trump al cuello, el morenismo minimiza los riesgos, aviva la polarización y profundiza la incertidumbre. Rechaza todas las peticiones de Estados Unidos en el caso de Rocha Moya, niega las evidencias (bit.ly/4tXiYbF), exige “pruebas y más pruebas”, mientras admite que la Interpol ya persigue al sinaloense (bit.ly/3Q0qep4). La incongruencia en su máxima expresión.
El régimen apuesta por un “estira y afloja” con el trumpismo. Polariza para ganar tiempo. La propia presidenta encabeza la confrontación. Sin aparente temor al ridículo, defiende al cubano Raúl Castro de las amenazas estadounidenses —“se le acusa de supuesto delito de hace treinta años”—, pero insiste en sus señalamientos contra Felipe Calderón e incluso Hernán Cortés (bit.ly/4nNMa3i).
¿Por qué deberían preocuparse miles de mexicanos que aún se manifiestan satisfechos con el asistencialismo morenista? Porque el obradorato está llevando a la economía a niveles de alto riesgo. Porque la simulación y la farsa dominan sobre la eficiencia y la productividad. Porque la deuda creciente y el peligroso déficit fiscal comprometen el futuro de la mayoría.
MAYOR CERTEZA
Al país le urge reducir la incertidumbre, pero el gobierno hace todo lo contrario. Para atraer y conservar inversiones que impulsen el desarrollo, México necesita mayor certeza jurídica, incentivos a la productividad, respeto a los contratos y a las reglas, infraestructura adecuada y estabilidad política. La polarización y el enfrentamiento son frenos, no impulsores.
¿Por qué la mayoría de los mexicanos deberíamos estar seriamente preocupados? Porque la desaceleración económica que vivimos nos puede llevar a una recesión de consecuencias desastrosas. Nuestra economía aún no está en crisis, pero se desacelera. Para mejorar necesita más inversión —que define el futuro— y más productividad. El asistencialismo no basta.
Las advertencias de Moody’s, el IMCO, el IMEF y otros organismos son oportunas. Las amenazas de Donald Trump van en serio. El régimen lo sabe y por eso polariza. Está acorralado. La creciente desconfianza ciudadana le aterra a unos meses de las estratégicas elecciones intermedias de 2027. El Inegi informa que 84.1% de los mexicanos ya no confía en las autoridades.
¿Por qué habría de estar inconforme el “pueblo”? Porque los beneficios que recibe están en riesgo. Lo importante no es saber cuánto se gasta, sino en qué y si se genera crecimiento futuro. Estamos ya en un círculo vicioso de mayor deuda y menor inversión. Las crisis se construyen lentamente, hasta que ya es demasiado tarde. No conviene olvidarlo.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del escrito?
El mensaje central del escrito es claro y contundente:
Un modelo basado en asistencialismo sin crecimiento económico es insostenible y pone en riesgo el futuro del país.
El texto advierte que, aunque los apoyos sociales generan beneficios inmediatos y respaldo político, no sustituyen la inversión, la productividad ni el desarrollo. Sin estas bases, la economía se debilita, aumenta la deuda y se compromete el bienestar a mediano plazo, incluso de quienes hoy reciben esos beneficios.
Al mismo tiempo, sostiene que el gobierno, en lugar de corregir el rumbo, recurre a la polarización y a una narrativa política que minimiza los problemas reales. Esta estrategia puede servir en el corto plazo, pero agrava la incertidumbre, desalienta la inversión y acelera un deterioro económico que, de no atenderse, puede desembocar en una crisis.
