Andy López Beltrán es lo peor que le ha pasado al legado de su papá, Andrés Manuel López Obrador. Le veía madera de presidente. El proyecto era que asumiera el poder después de la doctora Sheinbaum. En cambio, Andy se convirtió en el símbolo de la torpeza política y la corrupción administrativa.
En Morena todos lo saben. Es el júnior fracasado. En secreto dicen que es indefendible. Todos tienen una historia de influyentismo de Andy que contar. Al que no le pidió un negocio, le exigió posiciones de gobierno. Incrustó a sus amigos en las oficinas que otorgan los contratos y en las empresas que los reciben. Pero todo se fue descubriendo. Y en unos cuantos meses, pasó de ser el joven ungido a una suerte de pulpo cuyos tentáculos van pudriendo lo que tocan. De heredero del capital político de su papá, al principal destructor de ese capital.
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