La primera encíclica de León XIV Magnifica Humanitas, dedicada a la inteligencia artificial, confirma que la revolución tecnológica dejó de ser un asunto exclusivo de ingenieros y empresarios.
La discusión sobre la IA entró en el terreno de lo esencial del ser humano: la libertad, la verdad, la democracia y el sentido mismo de su condición. La gran disputa de este siglo no es económica ni militar: es profundamente humana.
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