A pesar de la crisis del agua en la ciudad capital y las protestas de miles de usuarios ante esta carencia, incluso con la petición de la renuncia del titular de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán, Francisco Torres Rivas sigue en el puesto con el respaldo del gobernador Joaquín Díaz Mena.
Pancho Torres minimiza el problema que azota a Mérida y sus alrededores y culpa a los usuarios deudores y a los desgastes de los cárcamos y tuberías, pero no implementa mantenimientos de emergencia para atacar el problema de la baja presión, ni atiende con rapidez las fugas.
Es comprensible el deterioro paulatino de cárcamos y tuberías, sin embargo, el problema se dejó crecer. Entre la búsqueda de oficinas cómodas y lujosas, el derroche y la buena vida, Francisco Torres olvidó su responsabilidad. Ni proyectos, ni mantenimientos, ni acciones de emergencia. La presión del agua bajó, los tinacos se secaron y las fugas continuaron.
Al parecer, ni la Japay tiene sólido presupuesto, ni el gobierno del estado tiene dinero para iniciar la batalla contra esta crisis hídrica que agobia a miles de hogares cotidianamente.
Ante esta situación desesperante, un polvorín más, el gobernador extendió la mano en la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a nuestro estado y solicitó apoyo económico. La mandataria aceptó otorgar una cantidad considerable, unos tres mil millones de pesos, pero Joaquín Díaz Mena debía dar otra cantidad. Y le surgió al gobernador la brillante idea de hacer un préstamo de 1,500 millones de pesos.
Una deuda más que caería sobre las espaldas de los yucatecos, si los legisladores aprueban esa cantidad millonaria. ¿Se necesitaría ese préstamo o con el dinero que dé la federación y un dinero que salga del gobierno estatal, sin préstamo alguno, se podría solucionar el problema del agua?
El temor que existe ante estas millonarias cantidades es el uso indebido que se le pudiera dar en la Japay. A Pancho Torres se le ha cuestionado el manejo irregular de los presupuestos, el otorgamiento de contratos preferenciales y obras de baja calidad, desde que fue secretario de Obras Públicas en el gobierno de Ivonne Ortega Pacheco.
Con ese pasado turbio de críticas y denuncias, el apoyo del gobierno federal y el préstamo de 1,500 millones serían agua fresca que fluyera a raudales en las manos del director de la Japay. Es una gran tentación para quien le gustan los lujos, la compra de bienes inmuebles y la buena vida.
Además, pensando mal, estas cantidades millonarias podrían desviarse también por motivos electorales, tomando en cuenta los momentos políticos que se avecinan. No olvidar que el titular de la Japay es también delegado especial de Morena en Kanasín. Y si el gobierno estatal y el partido guinda están buscando desesperadamente el triunfo en Mérida, entonces se podrían esquilmar parte de estas cantidades para una derrama económica en busca de la apreciada joya.
Un paso importante del gobierno sería pasar la escoba en la Japay para cambiar a los directivos y a la gente de Pancho Torres incrustados en la nómina. Esto les daría confianza a los ciudadanos.
Con directivos nuevos, capacitados y de confianza, se podría iniciar el proceso de transformación de la dependencia y aplicar estrategias de emergencia para solucionar en parte el caótico problema del agua.
Seguir con los mismos es caer en lo mismo, aunque con mucho dinero. Lamentablemente, en el gobierno de Huacho los “chapulines” están bien cobijados, protegidos e incluso con gran poder.
El gobierno de Joaquín Díaz Mena está sobre polvorines: la crisis del agua en Mérida, el caso de los artesanos de Chichén Itzá despojados de sus lugares originales para sus ventas, el paro de operadores del Circuito Metropolitano, la protesta de profesores ante los abusos de la Segey y un pliego petitorio que no se soluciona, pero hay más casos que no se resuelven y en cualquier momento pueden explotar.
Si las civilizaciones indígenas de América realizaban danzas, cantos y ofrendas para pedir lluvia, el agua para las cosechas, ¿qué podemos hacer los usuarios para pedir que los tinacos secos se llenen y que el agua esté presente en los hogares? ¿Danzas o bailes de protesta para que el agua fluya?
Los directivos de la Japay están listos para la danza de los millones que se avecina. El apoyo de la federación serían 3,000 millones de pesos, 1,500 millones de préstamo y otros 1,500 millones que saldrían de las arcas estatales. Una lluvia millonaria que tendrían los funcionarios de esa dependencia. Mientras, los meridanos seguimos con los tinacos secos y tal vez, a pesar de tanto dinero, nos lleven al baile y sigamos en las mismas.— Mérida, Yucatán
*Profesor
