La corrupción es todavía el fantasma que recorre vorazmente los tres niveles de gobierno, alimentando, por un lado, los bolsillos de muchos políticos y funcionarios y, por la otra parte, debilitando los presupuestos municipales y estatales y endeudando a los ciudadanos.
A pesar de los discursos de las autoridades de combatir la corrupción y castigar a los culpables, todo queda en el olvido. Recordemos a Rolando Zapata que prometió investigar y sancionar las irregularidades del gobierno de Ivonne Ortega, y de Mauricio Vila las empresas fantasmas y los desvíos de Zapata Bello, y de Joaquín Díaz Mena de investigar las anomalías de Vila, pero nada pasó. La impunidad, hasta ahora, los arropa.
Ante lo vivido y lo que se vive actualmente, la percepción de los yucatecos sobre la corrupción se ha incrementado, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, cuyos resultados dio a conocer recientemente el Diario. Aumentó la cantidad de personas que se enfrentan a algún acto irregular al realizar un trámite o una gestión.
Esta encuesta muestra también que los yucatecos, de 18 años y más, perciben que la corrupción es una práctica frecuente en los partidos políticos, de la policía y de los diputados y senadores. Y esta fama se la han ganado a pulso.
Los alcaldes, gobernadores, senadores, diputados federales y funcionarios en general, no todos para no generalizar, buscan incrementar los costos de las obras públicas para obtener ganancias, negocian con las empresas constructoras los contratos para obtener millonarios “moches”, desvían presupuestos de programas y proyectos de diversas dependencias o buscan elevar los precios en la compra de artículos o servicios. Luego, todo se invierte en bienes inmobiliarios, tan de moda entre los servidores públicos.
Recientemente, el tres veces alcalde de Mérida, Renán Barrera Concha, inauguró un lujoso restaurante bar, “Cantina León”, en Coral Gables, un exclusivo lugar de Miami, Florida. Una inversión inicial de 85 millones de pesos. Y esta noticia impactó en las redes sociales, en la sociedad yucateca y en el ámbito político.
Era natural que las críticas y cuestionamientos surgieran por la millonaria cantidad invertida en un bar de lujo y, además, en el extranjero. Y la pregunta obligada de los meridanos y yucatecos es: ¿De dónde salió tanto dinero?
Si obtuvo el exedil una mensualidad de aproximadamente $130 mil mensuales y esto se suma íntegro por los nueve años de alcalde, la cantidad no llega a cubrir ni la cuarta parte de los 85 millones de pesos de inversión inicial.
Su riqueza personal y familiar ha aumentado considerablemente. Además de este negocio en Miami, tiene otros de comida y ha adquirido, mientras fue alcalde y después, una serie de viviendas y departamentos. ¿Fue tan ahorrativo el triple exalcalde meridano que no solo conservó intacto su salario durante nueve años, sino lo multiplicó?
Renán Barrera Concha complicó el problema de las luminarias chinas y endeudó más a los meridanos, se le denunció por las irregularidades cometidas con el dinero del Sistema Individual de Retiro y Jubilación Municipal y hubo grandes fugas económicas en Servilimpia. Es más, al parecer las actuales autoridades municipales denunciaron algunas de estas irregularidades, pero ¿qué resultados hay?
Además, a Renán Barrera se le critica el abandono de calles, baches, parques, luminarias y de colonias meridanas durante su administración. Estas lluvias que inundaron avenidas, glorietas, colonias y fraccionamientos muestran calles sin declives correctos, sin mantenimiento y fáciles de erosionarse.
Y esto no lo merecemos los meridanos y yucatecos. Las autoridades municipales y estatales deben ya a enfocarse a las necesidades de la población y realizar obras de calidad y funcionales. Ya basta de otorgar migajas a los ciudadanos y llevarse las tajadas más grandes del pastel.
No es posible que alcaldes, gobernadores, senadores, diputados y demás funcionarios de alto nivel terminen un trienio o sexenio con camionetas, viviendas, ranchos, cabezas de ganado y grandes extensiones de tierra, y luego pongan restaurantes, bares y otros negocios. Esta riqueza inexplicable, pero muy explicable, debiera ser investigada y castigar severamente a esos depredadores del erario.
Si hay denuncias hay que investigar al exalcalde meridano, si no las hay también. Es más, él debiera salir y decir de donde salió tanto dinero para su cantina y sus bienes inmobiliarios. Quizá por todo eso su partido lo envió al exilio como delegado en el Estado de México.
Sin embargo, los meridanos nos preguntamos: ¿Por qué no invirtió en un bar aquí en Mérida?— Mérida, Yucatán
Profesor
