¿Cuál hubiera sido la reacción de López Portillo si Echeverría (LEA), su antecesor, hubiera publicado un texto suicida sobre Jimmy Carter, presidente de Estados Unidos, como el exhibido por AMLO en días pasados, en relación a Trump, a quien muestra como un presidente manipulable al dejarse influir por “falsos amigos y consejeros”, unas “rémoras” a las que debe mandar “al carajo”, entre ellas, ¿“un tal” Marco Rubio, Secretario de Estado?
Imposible olvidar cuando López Portillo impuso a Echeverría el llamado “exilio diplomático”, largándolo como embajador a las islas Fiyi, pues resultaba imprescindible excluir a LEA de la vida política del país para evitar su influencia en el nuevo gobierno y consolidar, de esta suerte, el poder en su mandato 1976-1982.
Por el contrario, la señora Sheinbaum no sólo no concibe ni desea un exilio diplomático para AMLO, sino que habría leído orgullosa el texto de marras, reconociendo gustosa la influencia del tabasqueño, entregándole sin pudor su poder para que aquél lo siga ejerciendo a placer. Su actitud haría enrojecer a Abelardo Rodríguez o a Pascual Ortiz Rubio, dos de los presidentes peleles del Maximato callista.
Atreverse a sostener que los colaboradores de Trump son “inexpertos, resentidos y fanáticos”, sólo puede producir una temeraria respuesta encubierta de la Casa Blanca, pero, sobre todo, de parte de Marco Rubio, quien, en sus discursos como senador republicano, declaró que AMLO había entregado el territorio mexicano al narcotráfico, a los cárteles de la droga, había defendido a las catastróficas dictaduras de izquierda y apoyado a los tiranos latinoamericanos. ¿Qué se puede esperar?
El texto redactado seguramente por AMLO y aplaudido por la señora Sheinbaum no contiene un discurso reconciliador, en donde conste una voluntad política dispuesta a combatir a las organizaciones criminales creadas para apoderarse del mercado de los consumidores de enervantes en México, ni para evitar el desmantelamiento del resto de las instituciones republicanas condenadas a ser decapitadas por los furiosos enemigos de la patria.
Tampoco se asoma la menor intención de privar de la libertad a los políticos dedicados al blanqueo de capitales obtenidos a través del contrabando, del cobro de los derechos de piso a lo largo y ancho del país y de la venta ilegal de combustibles, con la que se acelera la quiebra irremediable de Pemex y se precipita el naufragio de la economía nacional.
De ninguna manera se percibe la intención de acabar con las terribles causas que atentan contra la construcción de unas relaciones bilaterales prósperas en beneficio de ambos países, sino todo lo contrario.
De la misma manera en que Atila, el “Azote de Dios”, hirió de muerte al imperio romano, AMLO, el azote de los mexicanos, disfruta la destrucción de la herencia política, económica, social y cultural de nuestros ancestros, al tiempo que emite sonoras carcajadas de placer similares a las que tanto gozó Nerón cuando contemplaba el incendio de Roma.
Los narcotraficantes, los huachicoleros, los blanqueadores de capitales, los cárteles, las organizaciones criminales, los presupuestívoros, la inmensa cadena de delincuentes defraudadores del ahorro público, disfrutaban encantados y tranquilos sus fortunas mal habidas hasta que las diversas autoridades norteamericanas, en lugar de las mexicanas, empezaron a imponer el orden con solicitudes de extradición de acuerdo a los tratados suscritos entre México y Estados Unidos, o por medio de la cancelación de visas o la expedición de fichas rojas de Interpol, para lograr su arresto en una buena mayoría de países.
Uno era el México durante el gobierno de “sleepy Biden”, y otro, el de Trump, un presidente que igual secuestra por la vía de los hechos a un pavoroso tirano como Maduro, que bombardea Irán o amenaza con su fuerza naval para acabar con la dictadura cubana después de más de 65 años de destrucción de la mayor isla de las Antillas.
Trump impone un nuevo orden mundial apartado de cualquier principio legal que igual aplicará en el caso de México en términos abiertos o encubiertos.
Nos robaron nuestro país y casi nadie lo defendió, de la misma manera en que pocos hacen algo para recuperarlo. Para nuestra generación, la de la ignominia, Trump pasará a la historia, como el reconstructor de nuestras instituciones republicanas. ¡Horror!
fmartinmoreno@yahoo.com
Escritor
