“Los estados de ánimo no son pensamientos. No es lo mismo estar alegre que pensar la alegría”.— José M. Cuéllar Moreno

Después de la euforia por la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol las actividades de todos los mexicanos han vuelto a la normalidad. Lo cotidiano ha regresado y las demandas que, jamás desaparecieron, nuevamente claman soluciones inmediatas.

Sin embargo, la percepción de lo vivido durante estos días resuena con eco diferente en quienes no han dejado de exigir el cumplimiento de lo prometido en campaña política pasada y lo que desde Palacio Nacional dicen haber dicho.

El clamor de los colectivos de madres buscadoras es visualizado como espejismo, como irreal e incluso obstinación de grupos radicales enemigos del régimen actual.

Al escuchar el discurso presidencial en donde se destaca la estabilidad de todo lo realizado, así como también la afirmación de un país en donde todos los mexicanos son felices por ser partícipes del triunfo de la selección de fútbol, de portar la camiseta verde y de experimentar orgullo al escuchar el himno nacional; tendríamos que cuestionar: ¿Es la alegría realmente el estado que está en el ser de los mexicanos? Porque ciertamente hemos tenido instantes de gozo al reunirnos con amigos y familiares para disfrutar juntos del partido inaugural, donde nuestra selección venció a su contrincante, pero alegar que en México la felicidad es el reflejo de una estabilidad instaurada por el gobierno, creo está lejos de la verdad.

No olvidemos que, cuando un líder emite su juicio ante los acontecimientos o vivencias del pueblo, en el mayor de los casos la realidad es maquillada por estadísticas, datos e información distante de la voz real de los afectados y que la fractura entre el discurso y el hecho puede ser abismal.

Por eso, las insistentes marchas y bloqueos que maestros de la CNTE, madres buscadoras, productores y transportistas realizan en sitios y avenidas principales son el testimonio de una insatisfacción creciente ante la falta de soluciones viables y resarcimiento a sus demandas de mejores condiciones de trabajo y búsqueda.

Aunque el discurso oficial sea insistente en su mensaje de tiempos inigualables de bonanza, la evasión y confrontación con quienes son afectados por la falta de acciones y respuestas a los problemas reales que enfrentan, es casi nula.

En el sexenio pasado el “Mesías Tropical” ante los reclamos se justificaba con “otros datos”, ahora la presidenta argumenta para nuestro México herido: “un mundo maravilloso”.

Y es que también, la postura de ceguera ante lo errático en materia de seguridad, educación, salud y economía nos está conduciendo a una incertidumbre peligrosa.

La desconfianza que empresarios e inversionistas manifiestan a la hora de permanecer o destinar su capital en nuestro territorio está siendo cada vez más evidente.

Del mismo modo en nuestro estado yucateco, la influencia del culto a la imagen hizo acto de presencia en la justa futbolística.

La cuantiosa inversión económica para la transmisión de la ceremonia inaugural del mundial es motivo para reflexionar sobre la jerarquía de prioridades del gobierno.

Basta con caminar por las mañanas en las calles del centro de Mérida para asombrarse del problema y las enormes filas que tantos ciudadanos hacen para poder abordar el transporte público e ir a sus centros de trabajo.

Basta con ir a visitar o llevar a algún enfermo a los hospitales de nuestra capital para nuevamente confirmar lo que de tiempo atrás ya sabemos; que no tenemos medicamentos y asistencia pronta.

Por lo tanto, querer proyectar bienestar o un Renacimiento Maya cuando las contrariedades urgentes son evadidos o rezagados, son extensión de las mismas políticas que desde el atril mañanero son proclamadas como portadoras de felicidad y alegría nacional.

Por esto, será fundamental que como ciudadanos continuemos demandando la asistencia de nuestros servidores públicos ante las urgentes necesidades existentes.

Porque no habrá en nuestro país una verdadera alegría mientras sigan habiendo desaparecidos o enfermos continúen muriendo a falta de recursos médicos.

Ningún gozo será pleno cuando aún haya la terrible impunidad que, desde el mismo gobierno, ha obstaculizado dar resolución a la demanda de extradición de políticos vinculados con el narcotráfico.

No tendremos un México feliz, si el mundial de futbol se aprovecha como cortina de humo para evadir la responsabilidad de aplicar justicia a quienes la demandan, ya que la alegría no sólo es pensarla desde el poder sino procurarla con gestiones concretas.

padrerolandocastillo@icloud.com

Sacerdote católico

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán