El fútbol es un juego; hay que disfrutarlo como aficionados y no como fanáticos cegados por un falso nacionalismo usado como opio por el poder.

Los gobiernos de Morena derrocharon en eventos masivos y “zonas fan” para lucrar con las pasiones del pueblo ante la Selección. Lamentablemente, con la extinción de los organismos autónomos en diciembre de 2024 —al desaparecer el INAI sepultando la rendición de cuentas— nunca sabremos cuánto gastaron la presidenta Sheinbaum y el gobernador “Huacho” Díaz Mena.

Dinero que debió destinarse a la golpeada infraestructura educativa o a mitigar el criminal desabasto de medicamentos que estrangula a Yucatán, donde las clínicas arrastran miles de recetas sin surtir. Pero, para los gobiernos populistas es más rentable financiar pantallas gigantes que dotar de quimioterapias a los enfermos.

Cabe decir que, en la cancha, la Selección jugó como nunca y perdió como siempre, de cara al sol. Pero de los errores se aprende; con continuidad técnica podremos aspirar a triunfos.

Y un apunte necesario: a los amargados que tachan al fútbol de distractor, les respondo: un verdadero ciudadano no pierde el eje. Sigo el Mundial, pero me informo en medios críticos como en Latinus y leo el Diario de Yucatán para tomarle el pulso a la realidad. Somos millones con esta dualidad responsable.

La diferencia es clara: los ciudadanos irresponsables que siguen ciegamente a Morena —los “chairos”— sí se distraen como borregos en las zonas oficialistas.

Ahora bien, el verdadero Mundial empieza ahora en octavos de final, libres de culpas nacionalistas tras la eliminación de nuestra Selección.

Lo bonito es que el fútbol nos regala historias de superación. Julián Quiñones pasó de trabajar en minas de oro a los 13 años en Colombia a brillar en el balompié. Y Josimar “Vozinha”, arquero de Cabo Verde de 40 años, combinaba el deporte siendo electricista para terminar frenando a potencias del balompié como Argentina. Estos referentes positivos motivan a nuestra juventud a superarse.

Qué enorme contraste con la política local.

¿Se acuerdan del programa de salud mental “Aliados por la Vida”? Díaz Mena lo anunció con bombo y platillo en febrero de 2025, tras el horroroso pasaje en Tekit donde una turba linchó y quemó a un joven con esquizofrenia. Prometió 100 acciones de combate integral, pero al gobernador ya se le olvidó; ni aprovechó la vitrina mundialista para darle continuidad. Puro rollo y demagogia, como casi todo lo que dice y hace la administración guinda.

En tanto, sigamos disfrutando del Mundial los verdaderos aficionados que permanecemos al pie del cañón cívico.

Y un consejo: más que nunca estemos atentos a atajar los goles populistas de los malos gobiernos de la “4T” y preparémonos a cambiar estas estructuras de gobierno perversas con ciudadanos que, de verdad, quieran servir a la sociedad con eficiencia, demostrando que la lucidez y el despertar de nuestra gente son el motor para rescatar el futuro de nuestra tierra.

Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán

Profesor

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