
CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
Cuando la mentira y la manipulación predominan en el ambiente político, con un régimen enfermo de incongruencia, cinismo y polarización, el mejor antídoto es una sociedad organizada. Ciudadanos dispuestos a contrastar el discurso oficial con los hechos defienden la existencia de instituciones independientes, el periodismo libre y una gestión pública transparente.
Ante la falta de resultados, el autoritarismo populista impone la narrativa oficial sobre los hechos verificables. Se prioriza lo que favorece al proyecto político, no la verdad. Los fracasos no suelen reconocerse y, en lugar de debatir con evidencia, se apela a las emociones, al resentimiento. Si la sociedad no logra organizarse y poner frenos, la propaganda termina dominando.
Con frecuencia, la mentira prospera gracias a la indiferencia social. Por ello, el desarrollo democrático necesita de ciudadanos libres y participativos, capaces de exigir información, pedir cuentas a sus gobernantes y respaldar a las instituciones encargadas de fiscalizar el poder. Se requiere una cultura política en la que la verdad tenga más peso que la retórica populista.
Indignados por la falta de respuesta del gobierno, en los últimos días decenas de yucatecos han salido a las calles a protestar por fallas en el servicio de energía eléctrica. Reclaman más información sobre las causas de los costosos apagones, un problema recurrente que ya afecta necesidades básicas como la conservación de alimentos y el abastecimiento de agua potable (bit.ly/4fmFqp7).
Como ocurrió hace unos meses con los meridanos que protestaron con éxito contra el corrupto proceder del Infonavit en la construcción de varios fraccionamientos, vecinos de colonias como San Antonio Cinta bloquean avenidas durante horas, provocando caos vial en diferentes puntos de la capital. Exigen soluciones y la revisión de la deficiente infraestructura eléctrica.
Las manifestaciones pacíficas cumplen una función de control en la democracia. Alertan sobre problemas que las autoridades pueden estar ignorando, presionan para corregir errores y fortalecen la rendición de cuentas. Si el gobierno es democrático, escucha, dialoga, investiga y corrige. El autoritarismo populista, en cambio, sistemáticamente desacredita a los manifestantes.
Frente a la cerrazón autoritaria, la protesta ciudadana se convierte en uno de los mecanismos mediante los cuales la sociedad exige que la administración pública sea más eficaz, transparente y responsable. La indignación en comunidad deja en evidencia la falta de cumplimiento de los compromisos gubernamentales. De ahí la relevancia del renacer cívico en las calles de Mérida.
La energía eléctrica ya no es solo un servicio público; es una infraestructura estratégica para el desarrollo. Sin un suministro confiable no funcionan adecuadamente la industria, el comercio, los servicios de salud y de agua potable, las escuelas ni la seguridad pública. Por ello, cuando los apagones son recurrentes, el ciudadano tiene derecho a protestar y exigir soluciones.
AUTORITARISMO
En las últimas semanas, el sufrimiento del “pueblo” cubano —tan defendido por el régimen morenista— ha mostrado cómo el autoritarismo populista termina deteriorando la prestación de los servicios públicos. En menos de diez días, la isla sufrió tres apagones que dejaron sin electricidad a casi toda la población. Tan solo en 2026 ya se registraron cinco colapsos nacionales (bit.ly/4yux8o6).
Millones de cubanos han salido a las calles a protestar. Es la consecuencia lógica de décadas de insuficiente inversión, mantenimiento incompleto y baja productividad económica. La crisis eléctrica afecta gravemente el suministro de agua potable, los servicios de salud y la conservación de alimentos y medicinas, profundizando el deterioro de las condiciones de vida.
Como sucede con el castrismo desde hace años, la sobrevivencia del régimen obradorista exige cada día más recursos para el clientelismo que lo mantiene en el poder, en detrimento de los servicios públicos y el impulso al desarrollo sostenido. En 2026, el gasto en programas sociales asistencialistas supera el billón de pesos y la inversión en infraestructura ha caído más de 12%.
El gobierno mexicano minimiza la crisis energética, pero los hechos no mienten. Expertos en la materia confirman que, aparte de las temperaturas extremas, el crecimiento del consumo de electricidad ha sido más rápido que la expansión y modernización de la infraestructura, especialmente en transmisión y distribución. El asistencialismo clientelar sigue siendo la prioridad.
LA FACTURA
La falta de inversión sostenida en generación y transmisión, así como en el mantenimiento de las instalaciones eléctricas, puede conducir al deterioro progresivo de la confiabilidad del sistema y afectar prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana, como sucede en Cuba y comienza a ocurrir en México. El “pueblo” mexicano, golpeado por la crisis, merece conocer la verdad.
La electricidad no es una concesión generosa del poder político. Pagado por los usuarios, es un servicio esencial cuya eficacia debe ser garantizada por el gobierno (bit.ly/4fp4I62). El silencio y la apatía de la sociedad suelen normalizar las deficiencias; la demanda informada y pacífica convierte al usuario resignado en ciudadano. Por eso hay que agradecer el ejemplo de San Antonio Cinta.
Si no queremos seguir los pasos de los hermanos cubanos, levantemos la voz y presionemos. Ante un régimen que se aleja cada vez más de la transparencia, urge fortalecer una cultura política basada en las evidencias y en la rendición de cuentas. Una democracia saludable requiere ciudadanos que exijan, que evalúen a sus gobernantes por sus resultados y no por sus relatos.
Las ejemplares protestas cívicas en Mérida deben recordarnos que una ciudadanía organizada es el mejor antídoto contra la mentira, hoy arraigada en el obradorato. La inconformidad solitaria puede ser ignorada; si es respaldada por exigencias colectivas bien informadas, es mucho más factible que el poder se sienta obligado a responder y corregir.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del texto?
El mensaje central del escrito es que la mejor defensa frente a la mentira, la manipulación y el deterioro institucional que caracterizan al autoritarismo populista es una ciudadanía organizada, informada y participativa, capaz de exigir verdad, rendición de cuentas y servicios públicos eficientes.
De esa idea principal se desprenden varios mensajes complementarios:
- 1) La verdad debe prevalecer sobre la propaganda. Cuando los gobiernos privilegian el relato político por encima de los hechos, la sociedad tiene la responsabilidad de contrastar la información y exigir transparencia.
- 2) La protesta pacífica fortalece la democracia. Las manifestaciones ciudadanas no son un problema, sino un mecanismo legítimo para visibilizar deficiencias, presionar por soluciones y hacer efectiva la rendición de cuentas.
- 3) El deterioro de los servicios públicos responde a decisiones políticas. La crisis eléctrica en Cuba y los crecientes problemas en México muestran las consecuencias de privilegiar el clientelismo y el gasto asistencial sobre la inversión en infraestructura y el desarrollo.
- 4) La indiferencia favorece los abusos del poder. El silencio social permite que la mentira, la corrupción y la ineficiencia se normalicen, mientras que la participación ciudadana incrementa la posibilidad de corregirlas.
- 5) El ejemplo de Mérida ofrece una lección cívica. Las protestas de vecinos como los de San Antonio Cinta demuestran que una comunidad organizada puede convertirse en un contrapeso efectivo frente a un gobierno que minimiza los problemas.
En una sola frase, el mensaje del artículo podría resumirse así:
Cuando un gobierno pretende sustituir la verdad por la propaganda, la respuesta más eficaz es una ciudadanía organizada que, con información, participación y exigencia democrática, obligue al poder a rendir cuentas y corregir sus errores.
