Hay algo que está ocurriendo en Yucatán y que muchos comentan en privado, pero pocos se atreven a decir en voz alta.
Se escucha en las mesas familiares, en los cafés, en las reuniones empresariales, en los colegios de profesionistas y en los centros de trabajo. La conversación es prácticamente la misma: estamos en recesión económica. Las ventas han disminuido, el turismo ya no muestra el mismo dinamismo, las inversiones avanzan con lentitud, los inversionistas perdieron la confianza, tal vez, por la falta de continuidad en las políticas públicas que se implementaron en los gobiernos anteriores y como consecuencia, comienzan en cascada los recortes de personal en diversos sectores que hasta hace poco parecían sólidos.
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