Cuando no hay turno en la tarde en la escuela, cuando la cancha está a oscuras, cuando el único que te dice “vente, aquí sí eres bienvenido” y resulta ser el que te ofrece la droga, el cristal gana.

Y el bajón es cruel. Cuando se les pasa el efecto, no sienten culpa, sienten un vacío y una tristeza que no pueden explicar.

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