Cholyn Garza (*)

“No hay mejor herencia que una buena educación”. Esa frase la escuché en mi niñez. Venía de los padres que se esmeraban porque sus hijos recibieran una buena instrucción y procuraban que así fuera al irlos a inscribir a determinada escuela.

Hay que decir que muchos padres solo tenían instrucción básica; no tenían título universitario o algo parecido. Hogares con hombres dedicados al trabajo y las señoras, al hogar. Padres que deseaban ver a sus hijos abrazando una profesión que les permitiera hacerle frente a la vida.

Era la herencia que habría de dejarles y ¡vaya! que muchos hombres y mujeres experimentaron esa gran satisfacción: la de ver graduarse a sus hijos, recibir un título producto del esfuerzo.

Del esfuerzo, sí, porque sin importar la condición social o económica, el estudio significa esforzarse para llegar a la meta.

Sin embargo, además de los estudios, hay algo más hermoso que generaciones tuvimos la oportunidad y dicha de aprender en el hogar, me refiero a la formación con valores.

Con valores, sí, porque es en el hogar de nuestros padres donde aprendimos a orar y amar a Dios, a respetar a los demás, a obedecer, a ser ordenados, a compartir entre otros más; y algo tan necesario como es no mentir. procurando siempre privilegiar la verdad.

Hablar con la verdad, aunque duela, es mucho mejor que acostumbrarse a vivir en la mentira, ya que el engaño equivale a ocultar algo que es real, crece y cuando se descubre, es porque ha causado un daño irreversible.

Si por temor o conveniencia se miente, esa acción reprobable se convierte en injusticia que suele dañar a inocentes.

La mentira y la traición es lo que se ha pretendido privilegiar en nuestro México. Tenemos ya 8 años escuchando la misma historia. “Nuestra economía va bien”; “hay medicamentos en todos los hospitales” “se están construyendo escuelas” y más mentiras que ya nadie cree.

El sentido común, el mismo que acompañaba a generaciones que nos antecedieron y que aún permanece vigente, nos permite darnos cuenta de que nos mienten un día sí y otro también.

Los aprendices de políticos que hoy están en el poder pretenden hacernos creer que los gobiernos anteriores son responsables de todo lo malo que ocurre en México. Nada más falso.

No defiendo a nadie, porque pudo haber errores y abusos desde el poder. Sin embargo, nunca como hoy con la llegada de ineptos y mentirosos. Duele ver a este México en las condiciones en que se encuentra.

Por donde se le busque no puede aplaudirse a quienes han estado destruyendo instituciones y han colocado al país en un estado de vulnerabilidad por la violencia desatada en gran parte del territorio nacional.

Lamentable que tengan que suceder tragedias como la de la academia militarizada Doenitz en Ciudad Madero, Tamaulipas.

El caso de Dafne Zapata, la chica que llegó al plantel para continuar sus estudios y recibir en su formación los valores que caracterizan a los militares, ha causado verdadera indignación, porque en lugar de un entrenamiento con disciplina, orden, justicia, encontró trato infame que le provocó la muerte.

Al darse a conocer la noticia, de inmediato surgió un comunicado de parte de la Sedena donde se deslinda del problema ya que esos colegios no pertenecen a la Institución castrense.

Surgen los cuestionamientos: ¿Quién otorgó los permisos para el funcionamiento de los colegios? ¿Por qué Mario Delgado, titular de la SEP decidió cerrar los planteles sin abrir una investigación? ¿Quiénes son los dueños de las academias? ¿Por qué razón manejan el concepto “militarizado” y en uno de los centros están las imágenes del Che Guevara y Fidel Castro? Además, el colegio de Ciudad Madero lleva el nombre Döenitz (Karl) un ex almirante alemán, sucesor de Hitler.

Me pregunto ¿cuántos casos más saldrán a la luz? ¿Por qué nadie había dado a conocer las irregularidades existentes en algunos de esos centros? Y si hubo denuncias ¿Por qué las autoridades hicieron caso omiso de la problemática existente?

Esperemos inicien con investigar el origen de esos colegios privados y las intenciones reales en la formación de los alumnos.

Hay que privilegiar la educación de nuestros niños y jóvenes con valores, no con ideologías que no corresponden al ser y sentir de los mexicanos.

Periodista

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