Me gustaría abordar temas complejos con la sencillez de una conversación entre amigos. En el libro “Las Ciudades Invisibles”, Ítalo Calvino sugiere que Kublai Khan conocía su imperio a partir de las descripciones que Marco Polo hacía de las ciudades que visitaba. El autor dice que ambos disfrutaban de los encuentros, que estos no se trataban solo de reportes de viajes sino de oportunidades para desarrollar la narrativa imaginaria, el diálogo, la reflexión profunda y la comprensión de la riqueza y la diversidad de las ciudades, los territorios y las comunidades que las habitaban.

Los encuentros eran una oportunidad para jugar ajedrez y, además de disfrutar la confrontación, para imaginarse que el tablero era el reino, las piezas eran los agentes clave que ahí actuaban y los movimientos eran expresiones de las reglas del juego y de las estrategias de los jugadores. Y cuando no había piezas sobre el tablero, la conversación continuaba, examinando las casillas y maravillándose de su diversidad.

El relato se trata de las ciudades. Cada una de ellas narrada de manera fantasiosa y, al mismo tiempo, con descripciones precisas de la naturaleza de sus habitantes; porque las ciudades no son solo calles y edificios son, principalmente, lugares vivos, evidencias materiales de las relaciones, los intereses y las fuerzas de las personas en el territorio. Así son las ciudades. Expresiones de la complejidad, artificios del hombre, morada deseada, sitios de conflicto y mucho más. Así es Mérida: compleja, dinámica, imaginada; sin embargo, también es: difícil, desigual, conflictiva. Para mí y para muchos es: querida.

Mérida permitiría que Marco Polo le contara muchos cuentos a Kublai Khan porque nuestra ciudad es múltiple. Tal vez, su nombre verdadero es en plural: Méridas. Algunas veces, el famoso viajero veneciano relataría con emoción las maravillas que se encontró; aunque, me temo que, en otras, hablaría con tristeza.

Más bien, con nuestras conversaciones entre amigos, hagamos visible todas las facetas de Mérida. Las palabras comunican mensajes, tienen significados y hacen evidentes nuestros pensamientos. Si queremos emular las conversaciones entre el emperador mongol y el viajero veneciano, los juegos de ajedrez y los relatos deben llevarnos a la reflexión profunda y la comprensión de nuestra ciudad. ¡Conversemos de Mérida!— Mérida, Yucatán

*Profesor universitario Escuela de Arquitectura, Universidad Anáhuac Mayab

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