De niña escuché decir a mi padre que México era un país muy rico; que no tenía por qué ser pobre ni depender de nadie, ya que Dios lo había dotado de grandes riquezas naturales. Mares, ríos, minerales, bosques y lo mejor que puede haber en un país; su gente.
Gente trabajadora dispuesta a hacer producir el campo que les daría su alimento y todo lo que en ella había.
Nuestro país, no hay duda, estaba predestinado a ser una gran potencia con toda la riqueza que puso Dios a nuestro alcance. Y si lo hizo, es porque debió ver algo en esta tierra hermosa que es la nuestra para engalanarla con enormes atributos naturales.
Quizás por eso, Dios le dio una forma muy peculiar, la de un cuerno, sí, un cuerno de la abundancia. Esa abundancia que muchísima gente disfrutó de diversas maneras fue disminuyendo debido a la ambición de unos cuantos.
El mexicano que vivía en el campo sembraba en sus tierras y tenía su propio alimento. En ese ambiente tenía su propia riqueza, un alimento sano que llegaba a su mesa. Y no solo en el campo, sino también en las ciudades se observaba la diversidad de árboles en los patios de las casas.
Se comía sano porque la naturaleza compartía su riqueza.
Además, viajar por nuestro país, visitar diferentes ciudades y conocer la historia de cada lugar, fue siempre fascinante. Y como no serlo si cada ciudad de nuestro México guarda un pasado histórico con pasajes interesantes.
Hechos reales, contados desde la perspectiva de un guía, aderezados quizás con un poco de picardía y humor que le dan sabor al relato y despierta el interés del visitante.
Cada ciudad, cada pueblo, tiene su propia historia, alguna leyenda que se ha ido transmitiendo por generaciones, así como su propio encanto que lo distingue de los demás.
Y si agregamos la diversidad de su cocina, ni qué decir. Nuestro país ofrece al mundo deliciosos platillos cuya elaboración logra transformarse en sofisticada por la calidad de los ingredientes.
Ingredientes que provienen de nuestra tierra bendita y que, en la preparación de un platillo, se convierte en un deleite al paladar.
México tiene muchísimas cosas interesantes y bellas para compartir y disfrutar. Cultura, Historia, alegría en su música, en sus tradiciones. Esto y más se vive en familia, en comunidad y se da a conocer al mundo.
En ese gran “Cuerno de la Abundancia” que es nuestro amado país, ha existido una gran riqueza, envidia de no pocos. Porque México sigue fiel no solo a sus tradiciones, a sus principios, a sus valores familiares sino a su fe. La misma fe que nos enseñó nuestra madre a tener cuando éramos pequeños y que al transcurrir el tiempo, nos ha sostenido en todo momento y en cualquier circunstancia.
Si tenemos un hermoso país ¿por qué permitimos que se le hiciera tanto daño?
No se concibe que la situación en el país se saliera de control. Y todo por la ambición desmedida de individuos que no aman a México por eso lo traicionan. El amor a México no se expresa en un discurso sino en los hechos.
No se expone un sentimiento tan puro como es el amor a la patria, en una fecha determinada. Quien gobierna debe manifestar su compromiso en el día a día cuidando de sus instituciones no destruyéndolas.
Que no sienta quien gobierna que lo hace ver muy mexicano el usar vestimenta de alguna región del país. El mejor ejemplo se da con la preocupación real y ocupación de la problemática existente en las comunidades indígenas.
Por otra parte, se debe respetar y se hace respetar la Carta Magna con las Leyes que de ella emanan, no modificándola y acomodándola al antojo de un gobernante para su beneficio personal o de sus cómplices.
Que se entienda que la soberanía nacional se defiende desde dentro, cuidando cada centímetro de territorio, no permitiendo la instalación y propagación de bandas delincuenciales que ponen en riesgo la seguridad de las poblaciones y de los ciudadanos.
De ninguna manera se hacen pactos con quienes han demostrado ser los verdaderos enemigos de la patria. Hacerlo, merece castigo ejemplar por poner en riesgo a México y a todos los mexicanos.
Al ver la grave situación que guarda nuestro amado país, no solo debemos preocuparnos sino ocuparnos. México es de todos nosotros, no del gobernante en turno o de un grupo político que con mentiras, engaños y traiciones llegaron al poder.
Hay mucho qué hacer en nuestro México. Rescatar nuestro “cuerno de la abundancia” de quienes han atentado contra nuestro suelo, nuestra casa común, y la han puesto en riesgo.
Como diría mi padre: “México es tan grande y rico que no se lo han podido acabar”.
De vivir mi papi adorado y ver las condiciones en que lo tienen quizás diría: “Cuidado con estos falsos e hipócritas, porque se llevarán la abundancia y nos dejarán el puro cuerno”.
Yo agregaría: “si bien nos va”. Así que, es tiempo de unir esfuerzos.— Ciudad de México.
Periodista
