CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)

Supuesto enemigo declarado del PRI —su cuna política— y sobre todo del PAN, Andrés Manuel López Obrador centraba sus críticas, cuando era opositor, en la corrupción, la simulación democrática, el tráfico de influencias, los privilegios de las élites y el oportunismo que, a su juicio, prevalecían en esos partidos. El “PRIAN” y su “mafia del poder” eran los enemigos a vencer.

Durante décadas, los principales partidos de México enfrentaron problemas de credibilidad por escándalos de corrupción, clientelismo, incumplimiento de promesas y contradicciones entre los principios que proclamaban y sus prácticas reales. Esa incongruencia, sumada a la inconformidad de millones de mexicanos, creó el terreno propicio para el avance del obradorismo.

López Obrador supo aprovechar esa realidad y presentarse como una alternativa de regeneración moral. Morena construyó buena parte de su identidad política denunciando prácticas de sus adversarios que, al llegar al gobierno, comenzó a reproducir, generando cuestionamientos dentro y fuera de sus filas. La promesa de ser diferentes quedó así sometida a prueba.

Para sumar adeptos y ampliar su presencia, el obradorismo comenzó a incorporar, desde sus inicios, a destacados integrantes de los partidos que supuestamente repudiaba. Ese pragmatismo se hizo evidente incluso en la coalición partidista que llevó a López Obrador a la Presidencia en 2018. La competitividad electoral comenzó a imponerse sobre la congruencia ideológica.

¿Qué distinguiría entonces a una supuesta transformación política si incorpora a dirigentes y reproduce prácticas que antes condenaba severamente? ¿Por qué tendríamos que confiar en quienes dicen combatir los privilegios, pero permiten grandes beneficios para sus allegados; en quienes prometen acabar con las élites, pero construyen nuevas redes de contubernios?

Pese a sus crecientes contradicciones, el morenismo avanza, apoyado en buena medida en un clientelismo político que también presiona las finanzas públicas. Las incongruencias pasan a segundo término cuando prevalece el beneficio material inmediato y la confianza en la autoridad se sustenta más en emociones que en resultados. Exigir coherencia sigue siendo secundario.

¿Y por qué tendríamos que preocuparnos por esas peligrosas incongruencias? Porque tolerarlas abre la puerta a un mayor retroceso democrático. ¿A qué nos enfrentaríamos si permanecemos en la comodidad de la indiferencia? A que las nuevas redes de privilegios aprovechen el debilitamiento de los contrapesos para ampliar su control sobre la vida pública del país.

Hambriento de poder, carente de figuras que le permitan avanzar en su control de la entidad, el grupo de intereses económicos que domina el gobierno de Yucatán desde 2024 recurre una vez más a la incongruencia oportunista. Pese a las críticas y a las advertencias, se impone y presenta al expanista y expriista Liborio Vidal como su candidato a la codiciada alcaldía de Mérida (bit.ly/4BFmnRw).

MAFIA FINANCIERA

“No tiene ideología, sino ambición por el poder político y económico”, afirma el investigador Luis Ramírez Carrillo sobre “el amigo Libo”. Es “una inversión a futuro” de la mafia financiera que controla al gobernador Joaquín Díaz Mena, alerta el analista universitario (bit.ly/4zN2TIF). Liborio se defiende: a él lo mueven “los principios de servir, escuchar y dar prioridad a quienes menos tienen”.

Disgustado por la imposición, el grupo de “Fundadores de Morena” en Yucatán denuncia que el partido “se ha convertido en un trampolín para ‘chapulines’ que traicionan principios para alcanzar candidaturas y puestos públicos”. Aceptar su pasado “prianista”, afirman los “puristas”, no es “un acto de congruencia, sino de cinismo”. Lo tachan de “oportunista mercenario” (bit.ly/4ePgE1q).

Al parecer carentes de memoria, líderes locales del PAN —la anterior escala política de Liborio— dicen ahora que Vidal Aguilar siempre ha buscado “estar del lado del poder y vivir del erario”. “Su única ideología es la traición por beneficio propio; en política, la congruencia no se negocia”, afirma con cinismo el expriista Roger Torres, testaferro del exgobernador Mauricio Vila.

A Liborio Vidal le corresponde aclarar; a los yucatecos, observar, analizar y decidir en las urnas. ¿Qué principios defendía “el amigo Libo” cuando militaba en el PRI y cuáles cuando colaboró estrechamente con el “vilismo”? ¿Cómo explica sus sucesivos cambios de filiación política? ¿Qué prácticas de sus anteriores partidos rechaza y qué admira ahora del obradorismo?

LA HEGEMONÍA

A pocos meses de las elecciones de 2027, la consultora Integralia afirma que los comicios serán decisivos para determinar si el morenismo consolida su hegemonía política o comienza a perder terreno. También advierte de múltiples riesgos en la elección, como las precampañas anticipadas, el uso clientelar de programas sociales y las irregularidades durante la jornada electoral (bit.ly/4yEhOE4).

Las supuestas incongruencias detrás del aterrizaje de Liborio en el mando del obradorato en Yucatán deberían motivar una reflexión profunda, tanto en la sociedad y los sectores productivos como en una oposición que asegura querer frenar el avance autoritario. La democracia no exige la ausencia de contradicciones, sino la capacidad de identificarlas y exigir explicaciones.

Para cualquier partido que aspire a ser alternativa, la congruencia implica algo más que denunciar las contradicciones ajenas: exige reconocer los errores propios y aplicar las mismas reglas a aliados y adversarios. Quienes privilegian la conveniencia electoral sobre la coherencia de sus principios corren el riesgo de fortalecer a quienes mañana podrían volverse en su contra.

Rumbo a 2027, recordemos que la democracia no depende solo de la buena voluntad del gobernante. Requiere de ciudadanos e instituciones que exijan cuentas, de una sociedad que no renuncie a sus principios por conveniencia. El verdadero riesgo surge cuando la lealtad política se convierte en excusa para tolerar lo que antes se condenaba. No lo olvidemos.— Mérida, Yucatán

direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia

¿Cuál es el mensaje del escrito?

El mensaje central de «Incongruencias del poder» es que el oportunismo político, la subordinación de los principios a la conveniencia electoral y la tolerancia ciudadana ante las contradicciones del poder representan riesgos para la democracia.

El escrito cuestiona que quienes llegaron al gobierno prometiendo combatir la corrupción, los privilegios y las prácticas de los partidos tradicionales terminen reproduciendo aquello que condenaban. El caso de Liborio Vidal en Yucatán sirve para ilustrar esas contradicciones, tanto en Morena, que incorpora a antiguos adversarios, como en el PAN, cuyos dirigentes ahora cuestionan a quienes anteriormente respaldaron. La incongruencia deja de ser una excepción y se convierte en una práctica que puede favorecer la concentración del poder.

La columna también advierte que la democracia se debilita cuando los ciudadanos justifican en sus aliados políticos lo mismo que censuran en sus adversarios. La lealtad partidista, el beneficio inmediato y la indiferencia no deberían sustituir la exigencia de principios, transparencia y rendición de cuentas.

El llamado de fondo es a la conciencia y a la responsabilidad ciudadana rumbo a las elecciones de 2027: no basta con denunciar las contradicciones de quienes gobiernan; es indispensable exigir congruencia a todas las fuerzas políticas, fortalecer los contrapesos y evaluar a los dirigentes por sus hechos, no solamente por sus discursos.

En una frase, el mensaje podría sintetizarse así:

«La democracia comienza a perderse cuando la conveniencia política justifica lo que antes se condenaba y la ciudadanía deja de exigir congruencia a quienes ejercen el poder».

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