Francisco Martín Moreno (*)

¿Cárdenas combatió hasta el límite de sus fuerzas a López Obrador, el azote de México, el gran traidor de la izquierda mexicana de vanguardia? ¡No! ¿Cárdenas convocó a la unión nacional para protestar en las calles del país, cuando la 4T extinguió el Estado mexicano, o cuando AMLO y sus secuaces acabaron con la separación de poderes y convirtieron a la Corte en una triste carpa? ¿Cárdenas protestó furioso cuando desaparecieron los organismos autónomos como el INE o el TRIFE, entre otros más, garantes de nuestra democracia? Renunció al PRI para defender la democracia, ¿la defendió…?

No pretendo, ni mucho menos, culpar a Cárdenas del terrible desastre que significó y significará el acceso manipulado al poder de López Obrador, apoyado siniestramente por Peña Nieto y Videgaray, no, en lo absoluto, mi propósito es destacar la importancia del monstruoso desperdicio que implicó el hecho de que el “líder moral de la Izquierda” no hubiera reaccionado oportuna y valientemente para defender la democracia mexicana cuando más se necesitaba.

Cárdenas se apartó del PRI en 1987 por un conflicto político e ideológico con la dirigencia priista y, fundamentalmente, por oponerse justificadamente, en su momento, al dedazo presidencial. Exigió democratizar los mecanismos de decisión del partido. Consideraba imposible democratizar al PRI desde sus filas. Alegó que la democracia había sufrió un terrible retroceso y consideraba agotado el sistema político basado en el predominio permanente de un solo partido. ¿Y la 4T de nuestros días?

¿Acaso organizó un poderoso movimiento de izquierda vanguardista, sacudió por las solapas a la sociedad mexicana para despertarla, alertarla, cuando AMLO destruyó nuestra incipiente democracia por la que él había luchado?

En su carácter de líder moral de la izquierda, ¿cuál fue su respuesta estridente cuando fallecieron más de 800,000 compatriotas víctimas del Covid en la inteligencia que se podían haber salvado al menos la mitad, más los miles de niños muertos por la falta de quimioterapias. ¿Y el desabasto de medicamentos y de vacunas y la desaparición del Seguro Popular y la cancelación de los refugios para mujeres golpeadas y los comedores comunitarios y las estancias infantiles? ¿No son temas propios de una izquierda viva? ¿Dónde estaba la oposición de izquierda, o la de derecha, para evitar la devastación nacional? Imposible culpar a Cárdenas, insisto, de lo anterior, pero, entonces, ¿cuál fue su papel como líder moral de la izquierda?

Cárdenas era la figura imprescindible, idónea, cuando la 4T perdía credibilidad y la confianza interna y externa en México se desplomaba. ¿Hizo un llamado a nación para combatir una autarquía de derecha populista y reaccionaria, encabezada por López Obrador, lejos de representar una izquierda democrática moderna? ¿Cárdenas le puso límites a Morena, denunciando los atropellos institucionales, la devastación económica, así como el brutal desperdicio del ahorro público destinado a financiar obras faraónicas, en lugar construir, entre otros objetivos, un gran sistema educativo, otro de salud y uno más allá de seguridad pública?

¿Cárdenas era la conciencia crítica de México como para depositar sus restos mortales en la Rotonda? ¿Por qué guardó silencio ante los abusos de la autocracia, ante las agresiones a la libertad de expresión, ante las centenas de miles de muertos y desaparecidos, ante la corrupción, la impunidad y la utilización política de la justicia?

¿Defendió a la República? ¡No! ¿Defendió a las familias de los desaparecidos? ¡No! ¿Defendió la Constitución y el pensamiento crítico? ¡No! ¿Construyó una mejor ciudadanía desde su trinchera de izquierda? ¡No! ¿Defendió a los pobres mediante la creación masiva de empleos y a otros tantos millones que carecen de poder? ¡No! ¿Defendió la autonomía electoral y los derechos de todos? ¡No! ¿Se opuso la división social, tendió puentes entre todos nosotros? ¡No! ¿Se jugó el todo por el todo a favor de los principios más caros de México? ¡No! ¿Qué hizo finalmente con su autoridad moral? Cárdenas pasará a la historia como un fenómeno de simulación política.

¡No!, Cárdenas carece de las credenciales políticas, sociales, económicas y culturales, entre otras más, para merecer una sepultura en La Rotonda de Las Personas Ilustres. En una de esas se nos levanta Don Melchor Ocampo…

Escritor

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