Alejandro de la Madrid recibió la visita de José José en el foro donde se grabó la bioserie de Telemundo

CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— Un día de 1973, Frank Sinatra estaba en su oficina de Reprise Records, en Los Ángeles, y por casualidad escuchó a José José en el sonido ambiental.

Pidió que lo localizaran y le hicieran una oferta para grabar en esa compañía de su propiedad.

El “Príncipe de la Canción” aceptó de inmediato y todo parecía indicar que las negociaciones llegarían a buen puerto. No fue así. El cantante mexicano había firmado un contrato con RCA Víctor y esa empresa se negó a compartir a su artista.

Él se deprimió y durante varias semanas aumentó el consumo de alcohol, al tiempo que escuchaba con amargura discos de Sinatra.

Cuatro años después, el mítico intérprete estadounidense fue exprofeso a Tijuana para escuchar a José José en el centro nocturno Flamingos. Lo vio desde un lugar privado y no pasó a saludarlo, sólo le dejó un recado verbal con el dueño de ese lugar: “Dice que si sigues cantando así, te vas a lastimar, que tienes que vocalizar”. A principios de los 80, José José fue invitado a una fiesta en casa de Sinatra, en Los Ángeles, donde cantó “Misty”, de Erroll Garner, acompañado de piano, bajo y batería. Sinatra aplaudió. Una semana después, por fin platicaron brevemente en otra propiedad del artista estaodunidense, antes de una partida de póquer de Frank y sus amigos.

Sinatra le dijo a José que en Tijuana no hubiera sido posible platicar entre tanta gente. También le dijo: “No te olvides de que triunfar es bello, pero tiene un precio alto. Yo, por ejemplo, estoy encerrado, no puedo ir al cine, al súper, eso duele, aunque tiene compensaciones. Nunca dejes de ser José José, el que va al cine con sus hijos y lleva a su mamá de compras”. Estos pasajes aparecen a lo largo del libro autobiográfico “José José. Ésta es mi vida (Random House Mondadori, 2008)”.

El libro narra el sinuoso camino hacia la fama del artista, el infierno causado por sus adicciones —semanas bebiendo sin comer, alucinaciones, internamientos voluntarios y forzosos— y, sobre todo, el comportamiento de Anel, su segunda esposa y madre de sus hijos José Francisco (José Joel) y Marysol: “Las mujeres como Anel necesitan con quién pelear y a quién dominar… Siempre te tratan muy joviales y condescendientes como en el prostíbulo, como si fueras un cliente, pero nada es cierto, es sólo para hacer lo que se les pega la gana”.

En el mismo volumen señala que Anel recurrió a la magia negra para hacerle daño. José José heredó la voz de su padre, el tenor José Sosa Esquivel, quien alternó en Bellas Artes con María Callas y Giuseppe Di Stefano. Además “heredó” el alcoholismo que acabó con su progenitor a los 45 años. A esa misma edad, José tuvo una de sus mayores crisis de intoxicación etílica, “coincidencia” que tanto su psicoanalista como en Alcohólicos Anónimos utilizaron para demostrarle que, de manera inconsciente, él imitaba a su padre. También lo imitó al casarse con una mujer mayor, Natalia Kiki Herrera Calles, una socialité y actriz de gran belleza que medio cantaba. Ella perdió el piso de tal forma que llegó a telonear en algunos shows de José José y quería cobrar más que él. De los millones de dólares que José José ganó, muchos se fueron en los gastos irrefrenables de Anel y en una alevosa administración por parte de Manuel Noreña, cuñado del intérprete, quien además frenó un posible dueto con los Bee Gees porque no le pareció algo importante; “está muy ocupado”, arguyó entonces.

El éxito artístico del ídolo puede resumirse en dos álbumes: “20 triunfadoras de José José” (1982) y “Secretos” (1983), este último con producción y canciones del español Manuel Alejandro, de los que se han vendido más de siete millones de copias de cada uno de ellos.

 

De un vistazo

Un nuevo comienzo

En 1995 José José se casó con la cubana Sara Salazar y su vida se estabilizó. Volvió a grabar discos y a tener presentaciones personales, aunque ya sin tanta fortuna como en el pasado. Desde el año pasado padece cáncer de páncreas.