BEVERLY HILLS (AP).— Ryan Coogler se siente abrumado con “Black Panther”, pues confiesa que era apenas su tercer largometraje, y con tan solo 30 años estaba haciéndola con el estudio más poderoso de Hollywood bajo enormes expectativas culturales y un presupuesto de 200 millones de dólares.
“Y realmente no quería apestar”, reconoce el actor, nativo de Oakland (California), que incursionó en el cine casi de pasada cuando un profesor de narrativa en la St. Mary’s College en Moraga, donde estudiaba con una beca de fútbol americano, le sugirió que probara escribir guiones.
Él pensaba jugar al fútbol y ser médico, quizás, para ayudar a su comunidad. Pero esta idea de ser cineasta se enraizó y, tras hacer un “chapoteo” en la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad del Sur de California, se consolidó como uno de los directores jóvenes más prometedores y vibrantes.
Su primer largometraje, la cinta indie “Fruitvale Station”, sobre las últimas 24 horas de Oscar Grant III, lo colocó en el mapa al recibir los premios del gran jurado y la audiencia en Sundance en 2013, así como galardones de un puñado de grupos de críticos y un premio Spirit del cine independiente.
Su segundo filme, la cinta derivada, “Creed”, lo colocó en otro nivel. La película costó 35 millones de dólares y recaudó más de 173 millones alrededor del mundo y revitalizó una franquicia para Warner Bros. Es el tipo de doble golpe que hizo que gente que ni siquiera lo conocía en ese entonces, como Danai Gurira, se sintiera orgullosa. “Estuve en Sundance al mismo tiempo que él estuvo ahí con ‘Fruitvale Station’. Sentí tanto respeto y orgullo”, cuenta la actriz. “No lo conocía aún pero estaba orgullosa de él, de lo que había hecho y de cómo avanzó en el mundo y contó historias que necesitan ser contadas”. Aun así, “Black Panther” representaba un gran salto, incluso si las probabilidades de “apestar” eran pocas. Coogler estaba acostumbrado a hacer películas personales a su propio ritmo.
Esta era una bestia diferente, con efectos visuales, un gran elenco y escenas que harían a cualquier cineasta veterano sudar frío.
“Este es el primer proyecto que he hecho en el que siento que tuve que estar en paz con el hecho de que jamás estaría absorto en mi trabajo”, reconoce Coogler. “Tenía que descubrir cómo permitirme descansar. Uno podría trabajar 24 horas al día y no sería suficiente para una película como esta. Hay tantas cosas pasando y tantas decisiones por tomar”.
“Tuve que aprender a ser más eficiente. Tuve que aprender cómo hacer en 30 minutos lo que me tomaba dos horas en la última película”.
Para ayudarse, Coogler se rodeó de un puñado de colaboradores constantes, como Michael B. Jordan, la fotógrafa Rachel Morrison, la diseñadora de producción Hannah Beachler y el editor Michael Shawver. Y se acostumbró a confiar en que cada quien haría su trabajo mientras él hacía el suyo, sabiendo que no podía engancharse en detalles como de qué color deben ser los zapatos de alguien. Después de todo, para eso estaba ahí la diseñadora de vestuario nominada al Oscar Ruth E. Carter.
El resultado de su esfuerzo no se verá sino hasta mañana cuando los estudios revelen la recaudación de “Black Panther” en las salas de cine, donde se estrenó ayer en México y Estados Unidos. The Walt Disney Co. estima que el filme recaudará en taquilla entre 172 y 198 millones de dólares.
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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam
