Zhang Yueranes muy influyente en su generación
PEKÍN (EFE).— A sus 36 años, Zhang Yueran (Jinan, 1982) es considerada una de las escritoras jóvenes más influyentes de China, país donde la literatura sobrevive entre la censura y la hegemonía de lo audiovisual, y en el que muchas mujeres como ella muestran su independencia y carácter.
Zhang, quien recientemente participó en una conferencia en el Instituto Cervantes de Pekín junto a la española Rosa Montero, habló en una entrevista con EFE de su visión sobre la literatura china y su pasión por la escritura, que empezó en la adolescencia pese a la oposición de su padre.
“En casa había muchos libros, pero él no quería que los leyera, porque en aquellos años (la década de 1990) los padres chinos querían que sus hijos estudiaran ciencias, por ejemplo informática”, cuenta Zhang en la entrevista, celebrada por elección suya en una cafetería de ambiente literario en los que había volúmenes de poemas sobre las mesas.
Ella al principio hizo caso a su progenitor y fue a estudiar informática a Singapur, la ciudad estado donde también se habla mandarín y que es un sueño para la carrera de muchos jóvenes chinos, pero para Zhang no lo fue tanto. “Es un país limpio pero aburrido”, resume.
La autora entiende que las presiones de su padre, que han tenido muchos jóvenes de su generación, eran un efecto de la convulsa historia de su país. “Nuestros progenitores sufrieron cosas como la Revolución Cultural y quisieron recuperar lo perdido, que sus niños lograran lo que ellos no pudieron lograr”, analiza.
En Singapur la joven Zhang intentó complacer esos deseos de su padre, aunque sin demasiados resultados.
“Solía pensar que al escribir lo haces poniendo letras negras en un folio en blanco, mientras que al programar una computadora suele ser al revés, caracteres blancos sobre la pantalla negra, algo como el paraíso y el infierno”, recuerda Zhang, quien entonces decidió regresar a China y dedicar todo su tiempo a la creación literaria.
La joven escritora no hacía sino retornar a una pasión que ya tenía desde adolescente, cuando se enamoró de obras chinas pero también occidentales como “Los miserables” de Victor Hugo y participaba en certámenes nacionales para adolescentes como la Competición Nuevo Concepto, que ganó a los 14 años de edad.
Un símbolo
Ésos y muchos otros galardones posteriores, como el prestigioso Premio Primavera en 2006, convirtieron a Zhang en un símbolo de la nueva literatura china y le encuadraron como una de las líderes de lo que en China se conoce como “generación pos-80”, una etiqueta que a ella le causa sentimientos encontrados.
“Al principio la odiaba, porque nos tachaban de escritores egoístas a los que no les importan la sociedad o la Historia, eso puede separarnos del lector”, confiesa Zhang, aunque admite que el estilo de escribir de chinos que como ella nacieron después de Mao son muy distantes de los anteriores.
“No creemos en una ‘gran familia china’, estamos influidos en nuestra vida por lo occidental, prestamos más atención a la ciudad que el campo… todo eso nos hace diferentes”, explica.
La autora de libros como “Diez amores”, que ha sido traducido al español, es conocida por los críticos por su estilo alejado de convencionalismos y en el que la soledad de su generación de hijos únicos, por las políticas demográficas del país, está también muy presente.
“Fuimos niños que no pudimos compartir cosas con hermanos o apoyarnos mutuamente, así que la soledad nos acompañó largo tiempo”, subraya Zhang, aunque con el pragmatismo chino reconoce que ese experimento social tuvo sus ventajas.
“Ayudó a elevar el estatus de la mujer, muchas hijas tuvimos que asumir la responsabilidad y la honorabilidad de la familia”, opina.
Actualmente Zhang está en conversaciones con una importante editorial española para llevar a las librerías de este país su más reciente novela, “Jian (Capullo)”, publicada en 2016 tras una pausa en su actividad literaria.
La novela cuenta la historia de dos jóvenes de su generación a los que el pasado familiar les afecta y en la que una vez más vuelve el tema de la Revolución Cultural, lo que refleja también la lucha interna de Zhang por permanecer en el presente sin a veces poder escapar de la Historia.
“Los lectores occidentales demandan de la literatura china cierta ‘tragedia histórica’ (…) pero nuestras obras a veces ocurren en una cafetería o un restaurante de comida rápida”.
