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Las redes, escaparate de su música

Hace poco más de 20 años Los Méndez grabaron su primera producción, “El baile del pavo”. Ante la falta de opciones en Yucatán para editar discos compactos, decidieron lanzarla en casete.

Ahora “es relativamente barato y fácil grabar, comparado con hace 20 años; hace mucho más tiempo era una hazaña grabar un LP de vinilo y era muy difícil cuando empezaron los CD”, recuerda el director del grupo, Reyes Herrera Quiñones, mejor conocido como Pilón.

Al compartir con el Diario su punto de vista sobre las actuales estrategias de promoción de los músicos locales, el cantante dice que “la calidad de la producción la da la masterización y remasterización con equipos especiales que muchos estudios de aquí no tienen”.

“Resulta caro para nuestro mercado, porque no estamos dedicados a vender discos y por lo regular los producimos nosotros mismos, pero llegamos al público al que queremos”.

La más reciente producción de Los Méndez, la 16, es “El pasado en el presente”, una recopilación de 15 temas del movimiento “Rock en tu idioma” a ritmo de cumbia, que el grupo grabó con varios invitados y lanzó en noviembre de 2017. Todas las canciones de este álbum, así como de los anteriores, están disponibles en la web http:// pilon6626.wixsite.com/losmendezdepilon/escuchanos, donde se pueden descargar gratuitamente.

Pilón explica que al presentar los nuevos materiales en noviembre cuentan con un mes para difundirlos y hacerlos conocidos a tiempo para los bailes de fin de año, la época de más trabajo de la agrupación. “Grabamos los discos y quienes más los venden son los piratas…”, admite Pilón. “Nosotros vendemos muy poco porque no tenemos un sistema de distribución y las tiendas de discos están desapareciendo”.

“Pero mientras siga la gente con el disco, seguiremos con el disco”, un formato que le ha funcionado bien a Los Méndez “por el tipo de mercado que tenemos: de baile de la Península”.

En noviembre próximo verá la luz el álbum número 17 de la agrupación con canciones inéditas de compositores yucatecos, que se grabará en un estudio local.

En diciembre pasado, Gina Osorno presentó junto a sus grupos The Dreamers y The Copy Paste el disco “A Jazzy Christmas and a Funky New Year” de clásicos navideños con arreglos de bossanova, blues, funk, soul y country, entre otros géneros.

“Los discos se siguen vendiendo en las presentaciones en vivo, son una herramienta de los músicos para promover su trabajo en los conciertos”, señala la cantante, que ha grabado cinco álbumes en su trayectoria y opina que esos materiales también son adquiridos como recuerdos por el público de sus actuaciones. Sin embargo, “el costo es cada vez más elevado y por eso se prefiere grabar sencillos en vez de discos completos”.

De sus álbumes tiene tanto versiones en CD como descargables en Spotify e iTunes. “En Mérida hay estudios de buena calidad; hay otros un poco más caseros y obviamente más económicos, y ahora cualquier persona en su computadora y hasta su celular puede tener algún programa para grabar. Es cada vez más sencillo”.

Indica que grabar en estudio un disco de 10 canciones cuesta en promedio 60 mil pesos, “obviamente el precio se incrementa mientras más calidad tenga: se puede mandar a hacer los másters fuera de Mérida, el videoclip…”.

“Es un proceso largo y caro. Lo que podría hacer falta es apoyo para bandas que ya tengan trayectoria y, después de ciertos discos, maquetas o grabaciones semiformales, puedan pasar al siguiente nivel teniendo el apoyo de una institución gubernamental o una asociación privada”.

Tomás Martín ya tenía un disco propio y varios demos —individuales y en colaboración con bandas— antes de que en 2015 saliera “Sube el volumen”, el primer álbum de Ruta 42, grupo al que se unió hace cuatro años y en el que toca la guitarra.

Este año, la banda de rock, que también conforman Adán Escamilla (bajo y voz) y César Carrillo (batería), debatió entre grabar un vídeo o su segundo disco. “Fue una discusión compleja”, señala Tomás. “Fui de los que se aferraron a la idea de grabar el vídeo”.

“Lo lanzamos el 20 de mayo y lleva más de 18 mil reproducciones en Facebook, la plataforma que utilizamos para difundirlo. Logramos una difusión que no había tenido la banda en todo el tiempo que lleva”.

“Aún existe la idea de grabar un disco, pero no es una prioridad”, asegura. La inversión que requiere editar un disco es difícil de hacer para agrupaciones emergentes o que promueven sus propias composiciones.

“Existe el riesgo de que tú maquiles tus discos y se queden en exhibición en las tiendas”, agrega. “Lo irónico es que se está consumiendo más el vinilo que el compacto, los chavorrucos tienen nostalgia por el disco de vinilo y no se les hace atractivo comprar un disco compacto”.

Ruta 42 ha optado por compartir en las redes sus canciones, entre ellas la más reciente, la sátira política “Con cargo al erario”. “Grabar un disco no te va a dar la proyección que ahora te da grabar un vídeo y difundirlo por Facebook”, apunta Tomás. “Eso hicimos: grabar un vídeo lo más profesionalmente posible y lanzarlo sin tener un disco; ha sido un experimento exitoso”.

“Sigue en la mente la posibilidad de grabar otro disco, pero es necesario buscar otras plataformas que te ayuden a llegar a mayor público. Solo grabar un disco compacto y sacarlo a la venta no creo que sea ya el camino”.

La difusión con tocadas tampoco es sencilla. “Cada vez hay más bandas y menos espacios”, afirma Tomás. “Y estamos cayendo en un círculo vicioso en que los pocos lugares que quedan y retribuyen al músico no están buscando a quienes toquen canciones originales, sino cóvers que le gusten a la gente que va a comer”.

“Cuando por fin una banda independiente logra organizar una tocada, la afluencia impide recuperar la inversión. Producir una tocada profesional te cuesta más de 25 mil pesos. Imagínate la cantidad de boletos que tendrías que vender si cobras 20 o 30 pesos la entrada”.

“Pasamos por un momento complejo, pero eso no va a acabar con las tocadas de rock ni las ganas de salir y tocar las canciones”.— Valentina Boeta Madera

 

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