Néstor Cantillana y Daniela Ramírez en los papeles de los esposos Miguel Frías e Isabel Allende

“Mujeres del alma mía”, nuevo libro de Isabel Allende

NUEVA YORK (AP).— Isabel Allende no es solo la escritora viva en lengua española más leída del mundo, sino también una feminista autodeclarada y franca. Así que no es de extrañar que su libro más reciente, “Mujeres del alma mía”, llegue a Estados Unidos en el Mes de la Mujer.

En su primer libro de no ficción en más de una década, disponible en inglés bajo el título “The Soul of a Woman” (Ballantine Books), Allende repasa su relación con el feminismo desde la infancia hasta la actualidad, recordando a las mujeres que la marcaron, desde su madre Panchita y su hija Paula hasta la agente literaria Carmen Balcells y las escritoras Virginia Woolf y Margaret Atwood. También reflexiona sobre el movimiento #MeToo, las revueltas sociales en Chile y la actual situación global.

“El año de la pandemia ha tenido todo paralizado y mucho de lo que han hecho las mujeres ha sido salir a la calle a protestar”, dice la autora chilena desde su casa en California. “La mujer sola es muy vulnerable, las mujeres juntas son invencibles… Pero no es que yo creo haya retrocedido ni se haya detenido, las cosas siguen andando”.

Sus primeros 50 años de vida son dramatizados en “Isabel: La historia íntima de la escritora Isabel Allende”, serie de tres episodios que se estrenó el viernes 12 en HBO Max y protagoniza Daniela Ramírez.

Allende suele empezar un libro cada 8 de enero. En 2020 el confinamiento le permitió terminar no uno sino dos: “Mujeres del alma mía” (Vintage Español), y la novela “Violeta”, que se inicia con la pandemia de 1918 (“que empezó en Chile en 1920 realmente”) y termina con la de ahora. “Es la vida de una mujer en ese tiempo”, adelanta sin dar una fecha de publicación.

La autora de 78 años contrajo terceras nupcias en julio de 2019 con el abogado neoyorquino Roger Cukras. “Es como una extensa luna de miel que no termina nunca”, dice entre risas.

Has escrito que desde niña te molestaban las injusticias contra las mujeres y que era algo que veías en tu familia. ¿Cuándo te diste cuenta de que eras una feminista?

Querida, ¡no existía la palabra! Cuando yo era chica, en Chile, imagínate los años 40, en una familia conservadora, católica, patriarcal.., mi madre había sido abandonada por el marido y vivíamos en la casa de mi abuelo. Puros hombres, mis tíos y mi abuelo. Y mi abuelo era el patriarca absoluto. Era un hombre buenísimo, yo lo adoraba, pero era la autoridad máxima, era como Dios. Lo que decía mi abuelo no se cuestionaba. Crecí con esa sensación de que mi mamá estaba en una situación de injusticia, en una situación de desigualdad, de vulnerabilidad. Mi mamá vivía en la misma casa y supongo que mi abuelo pagaba el colegio y todo eso, pero mi mamá nunca tenía dinero, nunca tenía libertad. Por ser una mujer separada en aquella época, en aquella sociedad, mi mamá estaba muy mal vista; tenía que cuidar mucho su reputación, por lo cual también estaba muy limitada. ¿Y cuándo me vine a dar cuenta que esa rabia que yo sentía tenía un nombre? No fue hasta la adolescencia, porque no había referentes. Y no pude darme cuenta que existía un movimiento, y podía pertenecer a ese movimiento, hasta los 20 por lo menos.

¿Y te sentiste liberada o acompañada?

Me acuerdo cuando leí “La mujer eunuco” (1970) de Germaine Greer, que era un libro con humor, con inteligencia, con una manera de decir las cosas que era tan directa y tan obvia. Yo sentía todos esos sentimientos, pero no los había expresado, no los sabía articular, hasta que leí ese libro. Y me acuerdo después, cuando ya hablaba de feminismo y buscaba revistas y libros sobre el tema.

“Mujeres del alma mía” es tu primer libro de no ficción en una década. ¿Qué te llevó a escribirlo?

No fue idea mía. Di un discurso en Ciudad de México hace un tiempo atrás y fue un fenómeno viral. Los editores en España pensaron que lo iban a publicar como un librito. Yo lo leí y dije: “Esta cuestión está totalmente añeja, pasada de moda”, porque en poco tiempo habían sucedido el #MeToo, Black Lives Matter, las protestas de las mujeres en la calle, Las Tesis en Chile, tanta cosa que por supuesto no estaba mencionada en el discurso. Dije: “No, esto no sirve”. Después me puse a pensar en mi propia trayectoria y en cómo yo he vivido el movimiento, porque ha sido casi simultáneo. El movimiento por la liberación femenina es muy antiguo, pero realmente empieza con la píldora en los años 60, cuando la mujer por primera vez podía controlar su fertilidad. Eso creó un espacio que no había antes, por supuesto mi madre no tuvo; mi mamá estuvo casada cuatro años y tuvo tres niños.

Lo empezaste a escribir cuando comenzaba el encierro por la pandemia. ¿Qué esperas que suceda ahora con el movimiento?

El año de la pandemia ha tenido todo paralizado… Pero no es que yo creo haya retrocedido ni se haya detenido, las cosas siguen andando. Y el feminismo se ha unido a otros movimientos como Black Lives Matter, que es una subversión contra el establishment, contra un sistema racista. Pero también ese mismo sistema, un sistema machista, es lo que le da supremacía al género masculino sobre las otras mujeres, sobre otras razas, sobre la gente que no tiene poder, sobre los niños. Entonces tenemos muchas cosas en común. Al desafiar el poder del establecimiento tenemos tanto en común que podemos marchar juntos… Ha llegado el momento en que hay que sacudir a fondo a la sociedad y tratar de establecer una nueva normalidad diferente, sostenible, más justa y mejor para todos.

¿Cómo te ha tratado la pandemia?

Bien, porque un escritor o escritora lo que necesitamos es tiempo, silencio y soledad, y eso es lo que me ha dado la pandemia… Estoy recién casada y mira, la pandemia ha sido una prueba de fuego porque es como una extensa luna de miel que no termina nunca (risas). Pero en esta luna de miel hemos aprendido mucho que tal vez nos habríamos demorado años en aprender… Yo pienso que esto que me pasa a mí como pareja, como familia, se puede extrapolar a la humanidad, y es que nos vemos obligados a convivir en un planeta frágil, en un lugar limitado que tiene que ser sostenible, que tenemos que mantenerlo ordenado y limpio, porque si no perecemos. Que necesitamos paciencia, tolerancia, compasión, bondad. Necesitamos que los recursos alcancen para todos. Lo justo, no se necesita más.

¿Cómo te sientes sobre la serie que está por estrenarse sobre tu vida?

Cuando me contaron el proyecto nunca pensé que lo iban a hacer, así que no le di mucha importancia. Un día me llamaron y ya la cosa estaba prácticamente hecha. Lo único que les pedí es que tuvieran mucho respeto con las otras personas que aparecen en la serie, porque mira, yo he escrito memorias sobre mi propia vida, he hablado hasta por los codos, de manera que yo no tengo nada privado y no tengo derecho a alegar ninguna privacidad. Pero la gente que me rodea, que tienen vidas privadas, hay que ser respetuosos con ellos; esas historias no me pertenecen. Pero lo hicieron bien, porque respetaron a mi exmarido, a mis hijos. A mí me gustó mucho el resultado final. Encontré que era muy digno.

¿Qué te pareció la actriz protagónica? ¿Te sentiste bien representada?

La actriz Daniela Ramírez hace un papel yo creo difícil que es imitar a otra persona. Y además que no nos parecemos físicamente, porque ella es una mujer muy joven y linda. Pero fíjate que hicieron hasta los peinados, los vestidos. Hay un collar mío como con monedas de plata y cada una de esas monedas es diferente, lo hizo para mí especialmente una joyera. ¡Lo imitaron idéntico! Y muchos detalles de cómo era la casa, los niños, la Paulita sale igual a lo que era. Es verdaderamente emocionante.

Producción

La miniserie “Isabel: La historia íntima de la escritora Isabel Allende” es producida por Mega Media Chile y dirigida por Rodrigo Bazaes.

Paula

Enmarca el relato con el deceso de Paula, hija de la autora, en 1992 a los 29 años, quien sufrió daño cerebral grave debido a una crisis de porfiria.

Emocional

“Me hizo llorar a gritos porque empieza con Paula en el hospital y termina con la muerte. Lo vimos con mi hijo (Nicolás) y los dos tuvimos que parar porque llorábamos a mares con la primera escena. Pero después se mejora en el sentido de que ya no es tan emocional para nosotros”, dice la escritora.

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