Con aire ceremonial, don Xavier abrió la bolsa de papel y cuatro azulejos recién comprados en el mercado Lucas de Gálvez iniciaron el breve éxodo volando en ramillete.

De esa manera —en nombre de su personaje “Chabelo”— contribuía para alimentar un amplio aviario que se había construido en el Club Deportivo Palestinos y que se reinauguraba aquella mañana de junio de 2008.

—Ahora sí, muchachos… Suelten los que trajeron.

Sesenta y dos niños y adolescentes abrieron bolsas y cajas de cartón y en un instante aquel espacio de cerrada alambrada quedó cruzada por un ir y venir de cardenales, chinchinbacales y canarios. Loco revolar de coloridos relámpagos.

—Gracias, “Chabelo”…

Antes que comenzara el juego amistoso en honor del visitante, el mismo animador de “En familia…” de cada domingo, la chamacada se distrajo con aquel zumbido de las aves reconociendo su remozado alojamiento.

—Ahí están —dijo don Xavier— para que las contemplen en su elemento. Deberían estar libres, volando a su placer, pero este sacrificio vale si así las pueden disfrutar. No las maten nunca. Las aves son un adorno de la naturaleza. Admiren sus colores.

¿Por qué se sentía tan a gusto don Xavier en aquel club del sur meridano? Quizá porque admiraba la terca y esforzada labor de Antonio Osorio Vázquez, fundador y animador constante, para alejar a los chicos de las drogas y otros vicios por medio de la hermandad del deporte.

A lo mejor porque tenía pocas ocasiones de tratar a los niños sin el requisito de organizar concursos, cantar melodías pueriles y estar atento al correr de los minutos que —en televisión— valen miles de pesos.

Ahí en donde acaba la calle 42 Sur, a mitad del Periférico, en aquella cancha de entrenamiento y juegos combativos, lejos de los reflectores, los cables eléctricos, las cinco cámaras, los controladores de sonido de Televisa y la multitud que gritaba —¡“Chabelo, Chabelo, Chabelo”!— durante las horas de su programa ya con cuarenta años en el aire, don Xavier entraba en contacto con la vida real de personas sencillas, incomplicadas, sin dobleces. Por ese acercamiento ocasional entre “Chabelo” y el Club Palestinos no tiene nada de extraño que —como informara el Diario— se realizara un homenaje a su memoria, ahora que la muerte lo ha llevado, con la metáfora de las veladoras, el overol que el actor le regalara al maestro Osorio y la estatua levantada en su honor siempre de 2008.

Manera popular, cariñosa y simple, de decir hasta luego al que fuera benefactor y amigo. Aunque los muy jóvenes no piensan seriamente en la muerte es recomendable que en su formación se intercale una que otra vez la idea de lo fugaz de la existencia y el reclamo moral de hacerla substanciosa.

Cronista de Mérida.

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