“Para qué quiero pies si tengo alas para volar” —Frida Khalo

La grandeza de una persona no se calcula por lo que materialmente posee o los éxitos que marcan su paso por la vida. La grandeza es un valor tan subjetivo que muchas veces pasamos por alto que se construye en el diario existir, por el que transitan nuestras acciones y actitudes, que hacen que cada instante cuente y sume.

La vida es un instante y cada instante es la única oportunidad que tenemos de ser mejores personas con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

Huir de la adversidad, abstraerse de la realidad no es la mejor forma de vivir la vida. Así lo entiende José María Flores Yam, mejor conocido en el medio del stand up como Chema Flores, un joven yucateco que encauzó su vida a una faceta en la que explorar el buen humor y desear hacer reír lo han llevado a ver su discapacidad motriz como un recurso para detonar la hilaridad y la reflexión sobre la empatía.

Chema Flores nació en Mérida hace 26 años con un diagnóstico de mielomeningocele, condición que causa lesiones en la columna vertebral y cuyas manifestaciones pueden ir desde la pérdida de la capacidad motriz hasta daño cerebral.

Chema, quien para la entrevista con el Diario llegó al lugar que él eligió —la pista de skate de la colonia Alemán— en una motocicleta especialmente adaptada para él, dice que nunca se ha sentido relegado o discriminado, su familia nunca quiso que se sintiera así y siempre le apoyó mucho.

Cursó su educación básica en escuelas regulares y al concluir el bachillerato se inscribió en el Instituto Tecnológico de Mérida, donde estudió la carrera de Ingeniería Biomédica, de la que es egresado y ahora está en proceso de titulación.

Cuenta que estaba lejos de adivinar que su vida daría un giro por el cual, en lugar de desarrollar prótesis e implementos para personas con discapacidad, se subiría a un escenario para llevar alegría y diversión al público.

El inicio de la travesía

Por su carácter alegre, charla divertida y amena, personalidad ocurrente y disparatada, sus compañeros de la carrera vieron en él “la chispa” y le animaron a inscribirse en un concurso de stand up convocado en el Tecnológico de Mérida.

“Al principio dudé, después de todo una cosa era contar chistes y hacer bromas en torno a algo, pero de eso a subirse al escenario había muchísima diferencia, era mucha presión, no sabía como reaccionaría el público y si lo que diría sería gracioso”, recuerda.

La presión de los amigos al final rindió frutos: se inscribió al certamen y comenzó a preparar su rutina. La referencia más cercana que entonces tenía de lo que era un stand up era la de los monólogos con los que el conductor Adal Ramones iniciaba su afamado programa “Otro Rollo”.

“Preparé una rutina basada en las cosas que me ocurrían a diario en el Tecnológico”, apunta.

“Todo esto lo abordé desde la perspectiva de alguien que está en sillas de ruedas y que se enfrenta a un mundo en el que todos caminan, suben escaleras, acceden a lugares sin mayores problemas… y yo no podía”, indica.

“Entendí que tenía esa facultad de hacer reír a la gente pero a la vez hacerlas reflexionar en torno a lo que las personas con discapacidad tienen que enfrentarse todos los días”, añade.

“No todo el mundo se pone en los zapatos de los demás, mucho menos de las personas con discapacidad, así que cuando les haces ver con humor, exponiendo el hecho de ‘mírenme, a mí me pasa a diario’, es como haces que les caiga el veinte a todos de que vivimos en un mundo donde hay personas que no poseen las facultades físicas de la mayoría”, afirma.

A lo largo de los últimos seis años, la espontánea alegría, capacidad de improvisación y talento de Chema poco a poco le han abierto espacios y forjado un nombre en el stand up.

“No me la compliqué con el nombre artístico, desde siempre todos me han llamado Chema, así que me mantuve como Chema Flores para mis presentaciones”,

El teatro regional y los sketchs con artistas regionales suelen dominar la escena humorística local, en la que poco se conoce del stand up. En los inicios de Chema en este género, el público no estaba del todo habituado a esta forma de comedia unipersonal, en la que no necesariamente se retrata la identidad yucateca.

“Poco a poco comencé a escribir mis rutinas, y lo mejor que tenía era hablar de todo aquello que como persona con una discapacidad afrontaba diariamente”.

“Lo que hago no es faltarle al respeto a las personas con discapacidad, pues me estaría faltando el respeto a mí mismo”, advierte.

“No se trata de ser ofensivo, se trata de retomar situaciones que en la realidad ocurren, que son lamentables, sin duda, pero con un poco de humor y reflexión la gente entiende que lo que expongo es cierto aun cuando parece divertido”.

A través de las redes sociales Chema Flores se fue dando a conocer, llegó un momento en que sus vídeos alcanzaron el millón de vistas. Hoy en día muchos de sus seguidores son personas que tienen alguna discapacidad.

Chema Flores forma parte de una nueva generación de standuperos, más incluyente, en que las limitacioens físicas no son impiden hacer lo que se desea.

El viernes 5 de mayo próximo, a las 20 horas, en el Teatro Armando Manzanero se presentará el show “Imparable”, en el que Chema Flores compartirá el escenario con otro standupero reconocido, Ojitos de Huevo, quien es invidente. Los boletos se venden en tusboletos.mx y en el teatro.

Más de Chema Flores

Cuando cursaba el bachillerato fue atleta paralímpico, representó a Yucatán en pruebas de velocidad y cosechó medallas nacionales.

Comida favorita: pollo empanizado.

Postre: pastel de tres leches.

Grupo musical: Maná.

Lugar para vacacionar: la playa.

Por último, Chema dice: “Vive y valórate por lo que tienes y así descubrirás la alegría de vivir; el mundo no se adapta a ti, tú te adaptas al mundo, una silla de ruedas es solo un medio de transporte, lo verdaderamente valioso viene sentado en ella”.— Emanuel Rincón Becerra

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