Una cotidianidad tormentosa persigue a León: el pertinaz recordatorio de sentirse ajeno. Condenado por la historia familiar, al saberse parte de la “casa chica”, encabezada por su abuela que relegó a su madre a una infancia bastarda, un eterno dejo de rechazo forma parte de él.
Con un impecable tratamiento del erotismo, una prosa honesta entre lo bello y lo grotesco, y una sensibilidad literaria que revelan a Igor Ramírez García-Peralta como una nueva voz en el género, “Ese horrible deseo de pertenecer” (Planeta) es una historia de crecimiento y de lo que somos capaces de hacer por lo que anhelamos.
Igor abre las puertas de su casa ubicada en una isla española en la que vive solo rodeado de sus perros. “Esta novela es la historia de León Rodríguez, desde los cuatro hasta los 24 años de edad, con un recorrido que nos muestra la formación de esta persona, así como la búsqueda individual y de su personalidad, situaciones que lo llevan a vivir los extremos y en una constante necesidad de pertenencia”, detalla.
“Es un recorrido de cómo el personaje se enfrenta a sus monstruos y aprende a convivir con ellos porque no hay manera de echarlos de su vida ya que todos tenemos inseguridades y aprendemos a dominarlas o vivir con ellas”, agrega.
“Todos necesitamos sentirnos en casa de la forma más elemental y estar protegidos y queridos. ¡Es fundamental!”, subraya.
Desde niño, solo en su cuarto, la mente despierta de León Rodríguez ya entendía que algunas fantasías son mejores si no se comparten, y lo confirma en los años de juventud, llenos de encuentros salvajes y furtivos, así como de romances impetuosos que, sin embargo, nada pueden hacer para satisfacerlo ni para darle sentido de pertenencia. En las peripecias del amor y sus perversiones León descubre cuán profunda es la soledad.
Es imposible no preguntar al entrevistado hasta dónde llevan al protagonista los excesos vividos en busca de algo que siente que le hace falta. “Es el recorrido que le toca caminar, algo doloroso pero que, sin revelar el final, necesita para aprender. León se equivoca a veces a la hora de buscar o pedir amor, y que lo quieran en su recorrido que hace en la calle”.
A diferencia del personaje de su novela, Igor disfruta de la soledad, la que no le afecta para nada y que incluso califica de maravillosa. “Tardé como persona en tener contacto con ella, pero cuando lo hice descubrí que me gusta demasiado y me cuesta mucho trabajo salir de ella”.
Igor no duda en aconsejar a todos que hay que perderle el miedo a la soledad, y recordando años de su adolescencia, reconoce que le angustiaba que su madre se quedara sola y que sus actividades como ir al cine lo hiciera sin compañía. “Ahora entiendo que nunca estamos solos, en mi caso estoy con mis perros, lo que disfruto a cada minuto”.
“Los tres últimos años de mi vida han sido los mejores, incluso con la pandemia, porque han reforzado mi amor por la soledad y la reconexión que he tenido conmigo mismo, con mis gustos, amigos de otros puntos del planeta, la práctica de deportes y, obviamente, como escritor”, destaca el entrevistado, egresado de la UNAM, de padre español y madre mexicana.
Al comparar los anhelos del personaje León, confiesa que “somos capaces de todo por amor y más cuando hay pasión. No olvidemos que los imperios han surgido y caído por ello, porque el hombre no tiene límites”.
“Ese horrible deseo de pertenecer” es la primera novela de Igor Ramírez García-Peralta, una que ha cosechado comentarios positivos desde que salió a la venta, tanto de los críticos como de los lectores. “Eso es algo que me hace sentir contento, satisfecho y muy agradecido. La recepción de la novela ha sido fenomenal, y confieso que no me lo esperaba”.
“Espero que mi obra tenga larga vida y confío en que saldrá a la venta en más países e idiomas. Por eso a los que aún no la leen les invito a hacerlo, sin etiquetarla de novela erótica o de género, es más bien una historia humana que me atrevo a decir que hay algo en ella que todos reconoceremos como parte de nuestras vidas”.— Renata Marrufo Montañez
