SAN SEBASTIÁN (EFE).— El cineasta Hayao Miyazaki rompió su habitual silencio y envió un breve vídeo de tan solo 26 segundos para agradecer desde Japón el Premio Donostia que le entregó ayer el Festival de cine de San Sebastián.

El director del Festival, José Luis Rebordinos, destacó la singularidad de este gesto “extraordinario”, ya que el director japonés no solo no acude a ningún certamen a presentar sus películas (el último “plantón” al pasado Festival de Cannes donde precisamente presentaba “El chico y la garza”, película que abrió la 71 edición del festival), sino que nunca graba vídeos.

En este caso, el octogenario leyó una brevísima nota en japonés, sentado ante una mesa y vestido con ropa informal, en la que agradecía “el prestigioso premio” que le otorgó el Festival, y comentó que se encontraba trabajando en ese momento en los Estudios Ghibli, donde desarrolla la mayor parte de su trabajo.

Rebordinos pidió, además, que se respetara el deseo del cineasta que enviaba el vídeo sólo para los ojos de los asistentes a la gala de inauguración del festival, en el auditorio del Kursaal, y no se grabase con teléfonos móviles; aunque la gala, que presentaron la cómica segoviana Eva Hache y el actor donostiarra Gorka Otxoa, se retransmitía en directo por la 2 de TVE.

Ya en 2014, Miyazaki dio que hablar por no acudir a recoger el Óscar que, en 2014, ganó su película “El viaje de Chihiro”, en aquella ocasión, dijo que como protesta por la guerra en Irak.

Tanto en Cannes, como ahora en Donostia, los allegados al octogenario han remitido a su edad para disculpar su ausencia.

Este Donostia —el segundo que recibe un japonés tras el cineasta Hirokazu Kore-eda, en 2018— es el reconocimiento a “su extraordinaria aportación al mundo del cine” y le reconoce como autor de obras que “quedarán para siempre en la historia”.

Miyazaki cofundó Studio Ghibli en 1985 con Isao Takahata, y ha dirigido doce largometrajes desde entonces, entre ellos “El castillo en el cielo” (1986) y “Mi vecino Totoro” (1988), la obra con la que le conoció Rebordinos y que aún le acompaña en sus reflexiones sobre el cine, “cuánta sabiduría hay en sus películas”, dijo en euskera.

Además, “El viaje de Chihiro” (2001) batió récords en Japón y cosechó numerosos premios, no sólo el Óscar, sino otros como el Oso de Oro de Berlín de 2002.

 

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