NUEVA YORK (AP).— Al día siguiente de cumplir 76 años falleció Richard Simmons, el hiperactivo entusiasta de la televisión que se enfocaba en la buena salud física y que construyó un pequeño imperio con sus camisetas sin mangas y pantalones cortos característicos, con los que exhortaba a las personas con sobrepeso a hacer ejercicio y comer mejor.
Los departamentos de policía y de bomberos de Los Ángeles informaron que el sábado pasado acudieron a una residencia de Los Ángeles donde un hombre fue declarado muerto por causas naturales. Ninguno de los departamentos dio el nombre, pero The Associated Press comparó la dirección y la edad con Simmons a través de registros públicos.
TMZ fue el primer medio de comunicación en reportar su deceso, que también fue revelada por otros medios citando a representantes anónimos de Simmons.
Simmons, quien había revelado en marzo pasado que tenía cáncer de piel, estaba desaparecido últimamente del ojo público, lo que generó especulaciones sobre su salud y bienestar.
Simmons, quien durante su adolescencia tuvo sobrepeso, compartió consejos para perder kilos cuando fue presentador del programa diurno “Richard Simmons Show”, ganador de un premio Emmy, y como autor de libros de altas ventas y del plan de dieta Deal-A-Meal.
Luego abrió estudios de ejercicios y protagonizó numerosos vídeos de rutinas, incluyendo la exitosa serie “Sweatin’ to the Oldies”.
“Mi plan de alimentación y mi dieta son solo dos palabras: sentido común. Con un toque de buen humor…”, le declaró a The Associated Press en 1982. “Quiero ayudar a la gente y hacer del mundo un lugar más saludable y feliz”.
Simmons optó por la comunicación de masas para difundir su mensaje, incluso cuando finalmente se convirtió en blanco de las bromas por sus atuendos y su estilo extravagante. Fue invitado a participar en programas de televisión dirigidos por Merv Griffin, Mike Douglas y Phil Donahue.
David Letterman le hacía bromas y Howard Stern se burlaba de él hasta hacerlo llorar. Se burlaron de él en “The Goodbye Girl” de Neil Simon en Broadway, en 1993, y Eddie Murphy se maquilló de blanco y se vistió como él en “El profesor chiflado” y gritó: “¡Soy un pony!”.
Cuando se le preguntó si pensaba que podía motivar a la gente haciendo tonterías, Simmons respondió: “Creo que hay un momento para ser serio y un momento para ser tonto. Es saber cuándo hacerlo. Intento tener una buena combinación. Ser bromista cura la depresión. Sorprende a la gente con la guardia baja y le hace pensar. Pero entre esas tonterías hay mucha seriedad que tiene sentido. Es un tipo diferente de entrenamiento”.
El programa diurno de Simmons se vio en 200 estaciones televisivas en Estados Unidos, así como en Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, Japón y Sudamérica. Su primer libro, “Never Say Diet”, fue un éxito.
Era conocido por aconsejar a personas con obesidad severa, entre ellos Rosalie Bradford, quien tenía récords por ser la mujer más gorda del mundo, y Michael Hebranko, quien le dio crédito a Simmons por ayudarlo a perder 700 libras. Simmons incluyó a personas reales —gorditas, calvas o sin telegenia— en sus vídeos de ejercicios para que los objetivos de acondicionamiento físico lucieran alcanzables.
A lo largo de su carrera fue un crítico de las dietas de moda y siempre enfatizó en los planes de alimentación saludable y ejercicio.
“Siempre habrá algo extraño en comer cuatro uvas antes de ir a la cama, o beber un té especial, o comprar este pequeño frijol de El Salvador”, dijo a la AP en 2005, cuando la moda de la dieta Atkins arrasaba el país. “Si cuidas tus porciones, tienes una buena actitud y haces ejercicio todos los días, vivirás más, te sentirás mejor y lucirás fantástico”.
Simmons era nativo de Nueva Orleans, un niño gordito llamado Milton por sus padres. (Se cambió el nombre a “Richard” alrededor de los 10 años para mejorar su autoimagen). Le decía a la gente que comía en exceso porque creía que a sus padres les agradaba más su hermano mayor.
De un vistazo
Buen consejero
Richard Simmons fue conocido por aconsejar a personas con obesidad severa, entre ellos Rosalie Bradford, quien tenía récords por ser la mujer más gorda del mundo, y Michael Hebranko, quien le dio crédito al presentador por ayudarlo a perder 300 kilos.
Personas reales
Simmons incluyó a personas reales —gorditas, calvas o nada fotogénicas— en sus vídeos de ejercicios para que los objetivos de acondicionamiento físico se vieran alcanzables.
Sin miedo a las burlas
Cuando se le preguntó si pensaba que podía motivar a la gente haciendo tonterías, Simmons respondió: “Intento tener una buena combinación. Ser bromista cura la depresión”.
