En una época en que la gran mayoría de los blockbusters se hacen con animación y CGI, Christopher Nolan tuvo el presupuesto para hacer cine a la antigua y con cámaras IMAX.
Su versión de “La Odisea” no es solo una adaptación del mito de Homero; seguramente eliminar los efectos digitales, explotar dinamita, construir barcos reales y el clima sin pantallas verdes será una experiencia.
Se estiman 250 millones de dólares en producción, más otros 125 millones en marketing. Para una película con clasificación para adultos necesita recaudar algo así como 750 millones a nivel mundial. Entonces, ¿cómo se justifica semejante riesgo?
En mi opinión, la respuesta está en sentarte en una butaca que te sumerge en tamaño con una óptica real y sin efectos digitales.
Nolan no gastó su presupuesto en píxeles, sino en texturas. Al empeñarse en filmar el 100% de la película con cámaras IMAX de 70 mm —un hito histórico en la industria—, el director eliminó cualquier posibilidad de mentirle al espectador.
En la altísima resolución del IMAX, a una barba postiza se le ve el pegamento. Así que no dudo que veremos un Matt Damon demacrado, con una barba real de un año entero y a Zendaya congelándose en Islandia, incapaz de modular sus diálogos por el viento helado.
El Caballo de Troya es otro perfecto ejemplo. En lugar de la estructura perfecta y pulida, se plantó un coloso de madera de 10 metros, semienterrado en la arena y destrozado por el mar.
Además, buscando toda autenticidad, actores y el director de fotografía Hoyte van Hoy estuvieron dentro de esa estructura real filmando la espera. No la he visto, pero seguramente la escena estará llena de una claustrofobia genuina.
La tensión en los rostros de los soldados griegos no será actuación frente a una tela verde, realmente están encerrados en una caja de madera gigante mientras las olas golpean el exterior.
“La Odisea” de Nolan no es un experimento. Es la nueva oportunidad para que el cine encuentre su salvación en pantallas gigantes, donde las actuales cada vez se parecen en tamaño a las de nuestros hogares y, por supuesto, si vamos a experimentar es sensato hacerlo a través de la película de uno de los genios del cine actual.
Para concluir y en mi opinión, el mercado de superhéroes digitales e historias predecibles ya no es tan buena fórmula. La audiencia no dejará de pagar entradas para ver películas en las que personas reales hacen rescates épicos.
Si los 375 millones de dólares invertidos logran salvar la experiencia cinematográfica pura, habrán valido cada centavo y, en consecuencia, no tengo ninguna duda en que viene una nueva forma de ver cine.
Delegado en Yucatán de Canacine.
