MÉRIDA, Yucatán.—Durante mucho tiempo se dijo que Yucatán estaba lejos de las grandes historias del narcotráfico, pero tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada García, de la que el próximo 25 de julio se cumplirán dos años, quedaron bajo la lupa los vínculos del capo con la entidad, no solo familiares (una mujer y dos hijos), sino también presuntamente operativos.
Fue el informe National Drug Threat Assessment 2025 de la DEA que en fecha reciente confirmó que en Yucatán hay presencia criminal “significativa” del Cártel de Sinaloa, cofundado por el capo.
Y es que la Península de Yucatán es una región de interés por su ubicación estratégica para el tráfico de drogas.

Los vínculos familiares de “El Mayo” en Yucatán
Sobre la base de reportes de inteligencia, investigaciones periodísticas y testimonios, el Diario de Yucatán mostró que “El Mayo” Zambada mantuvo una presencia relevante en Valladolid y en la Península durante la década de los noventa.
En la zona estableció vínculos personales y presuntamente desarrolló actividades relacionadas con la expansión regional del Cártel de Sinaloa.
Frank Pérez, abogado del narcotraficante mexicano presentó el lunes 6 de julio de 2026 ante una corte federal de Brooklyn un documento con datos privados del capo nunca antes revelados donde confirmó que Isamel Zambada tiene 16 hijos, el más pequeño de ellos nació cuando él tenía 70 años.

La pareja yucateca del capo con la que tuvo 2 hijos
Dos de sus vástagos fueron producto de su relación sentimental con Rosalinda D.G., “La Yuyi”, originaria de Valladolid.
Según el libro El Traidor de la periodista Anabel Hernández, quien cita reportes de inteligencia militar de 2002, a la yucateca la habría conocido en una fiesta de 15 años y esperó a que cumpliera la mayoría de edad para que se convirtiera en su pareja formal.
Rosalinda D.G. fue identificada como una de las seis parejas documentadas por lo medios con las que el narcotraficante tuvo hijos.

La muerte del hermano de “El Mayo” en Quintana Roo
Asimismo, uno de los episodios más delicados en la historia del propio clan Zambada tuvo como escenario la Península de Yucatán: el asesinato de Vicente Zambada García en Cancún, el 5 de junio de 1996.
De acuerdo con investigaciones periodísticas publicadas en su momento, presuntamente quien perpetró el homicidio fue su propio cuñado del narcotraficante: Luis Alberto D. G., hermano de Rosalinda, y el motivo habría sido una deuda cuantiosa.
Más que un capítulo biográfico, el caso muestra cómo las redes del crimen organizado pueden extenderse mediante vínculos personales y familiares.

Nexos operativos del cofundador del Cártel de Sinaloa con Yucatán
A ello se suman investigaciones posteriores de la Unidad de Investigación Central 9 de Grupo Medamedia.
- El caso de Roberto Nájera Gutiérrez, “La Gallina” establecido en Tizimín y requerido en extradición a inicios de este año por autoridades estadounidenses, acusado de ser un “miembro de alto rango” del Cártel de Sinaloa.
- Otro caso ocurrió el 1 de junio de 2026, con la detención —en el norte de Mérida— de Arturo Misael, “El Guamúchil”, identificado como parte del grupo de Héctor Elías Flores Aceves, “El 15”, integrante de la estructura delictiva de Los Chapitos, una facción del Cártel de Sinaloa.

Estos casos recientes confirman que Yucatán sigue apareciendo en investigaciones y expedientes relacionados con presuntos operadores del Cártel de Sinaloa.
A esto se añade una advertencia de mayor alcance: el propio Zambada sostuvo ante autoridades estadounidenses que durante décadas corrompió a funcionarios de distintos niveles de gobierno.
Este señalamiento, el especialista Edgardo Buscaglia lo ha utilizado como ejemplo para describir la existencia de una “mafiocracia” en México.
Dos años después de la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, la Península de Yucatán continúa apareciendo en investigaciones, expedientes judiciales e informes de inteligencia relacionados con el Cártel de Sinaloa.
Sin los niveles de violencia observados en otras regiones del país, pero con una ubicación estratégica para el tráfico ilícito, el sureste mexicano sigue figurando en el mapa del crimen organizado transnacional.
La paz de Yucatán sólo podrá preservarse si se reconoce que ningún territorio es ajeno a las redes del crimen organizado y la presencia de sus líderes. La memoria, la investigación periodística y la vigilancia institucional siguen siendo la mejor forma de protegerla.
