Monseñor Gustavo Rodríguez Vega

Monseñor Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán

“¿Dónde vives Rabí?” (Jn 1, 38).

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor.

La Palabra de Dios en este segundo domingo del Tiempo Ordinario nos invita a escuchar el llamado del Señor, ir en pos de Él y permanecer en su amistad, conviviendo en su casa.

¡Qué mejor manera de iniciar y continuar durante todo este año 2018!

En la primera lectura tomada del Primer Libro de Samuel, el niño Samuel vivía en el templo junto al sacerdote Elí, donde sus padres lo habían dejado.

Lo concibieron en forma milagrosa y lo prometieron al Señor para que viviera consagrado a Él.

Sus padres suponían que Dios quería a este hijo a su servicio, pero aún faltaba que ratificara su elección llamando a aquel niño. En este pasaje el niño escucha la voz del Señor que lo llama y él le responde; de ahí en adelante estará siempre al servicio de Dios.

Los padres que tienen fe saben que no se necesita la mayoría de edad para ser llamados por Dios, ya que Él en casi todos los casos hace oír su voz en los niños a temprana edad.

Hay situaciones en que algunos jóvenes escuchan la voz de Dios hasta después de haber terminado una carrera. Sin embargo, de ninguna manera conviene retardar la respuesta al llamado del Señor.

Casi todos los sacerdotes tienen la anécdota de haber jugado a celebrar la Santa Misa en la primera infancia.

Yo mismo, en lo personal, pasé por esa experiencia. Nadie dude de la vocación de un niño, pero tampoco nadie trate de forzar la vocación de un pequeño ni de burlarse de un llamado infantil.

En el tiempo actual hay fuertes “vientos cruzados” que amenazan con apagar la llama de la vocación de un niño o de un joven.

Niños y jóvenes, ¡cuiden de su vocación, pues hay compañías y ambientes que no les convienen para cuidarla! Papás, sacerdotes, consagrados y educadores en general, traten de evitarle a los niños y jóvenes, los ambientes, situaciones y compañías inconvenientes a su vocación.

Más aún, recordemos que todos los niños, niñas y todos los jóvenes tienen un llamado de Dios a vivir como hijos suyos, a ir en pos de Jesús; porque todo cristiano está llamado a la santidad, el matrimonio también es una vocación y la soltería consagrada igualmente lo es.

El salmo 39 que hoy proclamamos, se refiere ante todo al Hijo de Dios hecho hombre, el cual una vez que se encarnó pudo apropiarse de las palabras que recitamos: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Sin embargo, Dios espera que cada uno de nosotros haga propias esas palabras y sobre todo esa actitud de obediencia total a la voluntad divina. Así que tú también, y especialmente los jóvenes, al definir el rumbo de su vida digan: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Les aseguro que no se arrepentirán de obedecer al Señor a cada paso de sus vidas.

El santo evangelio según san Juan nos presenta la vocación de los primeros dos discípulos de Cristo, los cuales fueron el mismo Juan que escribió este evangelio y que era hermano de Santiago, y Andrés el hermano de Simón Pedro.

 

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