— “¿Es riesgoso ser una persona crítica?”, se le pregunta.
— “Creo que es más riesgoso no serlo”, afirma de manera contundente.
Y con esa frase, Carla Escoffié Duarte resume varias de las motivaciones de su último libro “Anarquismo Jurídico“, el cual define como una invitación a no tener miedo a cuestionar el derecho.
“Creo que el pensamiento crítico no solo está en riesgo en los últimos años, sino que creo que es indispensable para tener una sociedad libre. Una sociedad que no tiene pensamiento crítico, no es libre y creo que precisamente por eso es bastante funcional para ciertos sectores políticos y económicos que la gente no se cuestione las cosas”.
“Creo que entre varias cosas que han ocurrido a nivel nacional se piensa que está mal el cuestionar el derecho y creo que hay formas muy interesantes y urgentes de cuestionarlo. Al final del día hablar del derecho es hablar de hasta dónde permitimos que el Estado intervenga en nuestra vida diaria“.
Y es que todo en su discurso es un llamado a la colectividad, a cuestionar, a criticar y a no dejar en manos del Estado decisiones que deben estar en las personas, pues son ellas quienes mejor conocen su realidad.
Yucateca egresada de la Uady, conoce bien la problemática sobre el suelo y la especulación inmobiliaria en la entidad, ya que el derecho a la vivienda es otro de los temas que domina y promueve en plataformas digitales. “País sin techo” fue su libro anterior. Ella se define como abogada anarquista.
— ¿Cómo conviven el anarquismo y la abogacía en una misma persona?
“Pues no sé exactamente cómo conviven, han sido cosas que se han dado de manera paralela. Entré a la carrera de derecho sin saber que posteriormente iba a militar en las ideas anarquistas, pero creo que realmente es menos contradictorio de lo que suena. Al final del día, para poder cuestionar el derecho, criticarlo, pues necesitas conocerlo.
“Los expertos en virología estudian a los virus y los conocen, pero no por eso están a favor de las pandemias. Entonces, realmente creo que no es una contradicción.
— ¿Qué fue primero, la abogacía o la anarquía?
“La abogacía, aunque desde que yo estaba estudiando la carrera en la Autónoma, por ahí del segundo año me topé con ciertos movimientos de derechos humanos. Conocí todo lo que es la filosofía del EZLN y poco a poco me fue introduciendo en ciertos cuestionamientos que yo no sabía que estaban vinculados al anarquismo hasta años después, pero ha sido todo un proceso”.
— ¿Por qué escribir un libro de derecho para no abogados?
“Porque creo que era algo que hacía falta. Que no sea como una especie de ABC, sino que pudiera acercar a las personas que no son abogadas a algunas de las conversaciones más relevantes y más actuales sobre el derecho, y de cosas complejas que se están discutiendo en el mundo jurídico, pero con un lenguaje en el cual puedan participar todas las personas”.
Así, la constitución, el derecho de amparo e incluso la inteligencia artificial son temas que están en el libro, el cual presentó el viernes pasado en la Filey. Todos, vigentes y urgentes de debate, a pesar de que el derecho es elitista e inaccesible, considera la autora.
“Yo creo que el derecho en sí mismo apela a las relaciones del poder, eso siempre lo hace de alguna manera elitista. También a lo largo de la historia ha utilizado un lenguaje que es intencionalmente inaccesible para la población… De hecho, por eso en algún momento de la historia se empezó a utilizar el latín como el idioma de la profesión y que esto tenía una intención de que las leyes sean únicamente manejadas y entendidas por un cierto grupo”.
— ¿Cómo hacerlo accesible?
“Creo que el primer paso es que la gente le pierda el miedo a acercarse a los temas jurídicos y a difundirlos de una forma en que puedan ser accesibles para todas las personas.
— ¿Qué temas nos falta de debatir? ¿Cuáles son los prioritarios en este momento?
“En este momento habría que debatir sobre todo qué tipo de decisiones se están dejando en manos del Estado, de los políticos, las cuales realmente podrían ser deliberadas por las personas… Por qué pensamos que todas las decisiones se tienen que tomar, o todos los problemas se tienen que resolver, desde una oficina de gobierno.
“Me hace cada vez más sentido que varios aspectos de nuestra vida puedan regularse más a partir de acuerdos entre la sociedad que entre imposiciones que vengan desde una oficina de gobierno.
Sobre la situación en Yucatán, la abogada considera que se sigue pensando como algo homogéneo, cuando realmente la realidad social, política, económica y jurídica es muy diversa en cada municipio.
“Yo creo que también hace falta pensar cómo entendemos la planeación del territorio, del estado, incluso todo lo que es la planificación urbana de esta nueva zona metropolitana de Mérida, reconociendo que es un estado poroso”.
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— ¿Cuál es la realidad más apremiante por atender en Yucatán en materia de vivienda?

“Yo creo que es el tema del suelo y de la especulación inmobiliaria. En general, el problema es que en Yucatán no se está planificando una ciudad, sino que se está desarrollando un mercado, que no es lo mismo. En la medida que entendamos que no se trata de impulsar un desarrollo inmobiliario sino de garantizar la posibilidad de habitar una ciudad, pues no va a poder haber un cambio significativo y sobre todo, el tema de la gestión del suelo.
“Mérida es una ciudad que cree que puede crecer al infinito de manera horizontal y eso no es verdad. Además de que hay una mala administración del suelo. Desde hace mucho Mérida pudo haber impulsado proyectos de vivienda asequible, pero que sean más densos, que garanticen una relación con los espacios verdes, más directa y desgraciadamente eso no ha sido prioridad hasta la fecha”.
En este punto, cabe mencionar que sus denuncias sobre las mafias inmobiliarias la han hecho víctima de acoso y amenazas en redes sociales.
— ¿Se siente usted en riesgo?
“Creo que hay muchas otras personas que están en situaciones de mucho más riesgo y que han pasado cosas muchísimo más fuertes que en mi caso; sin minimizar lo que ha pasado. Creo que todos en el país estamos en algún riesgo y creo que mientras haya comunidad, mientras haya redes que nos permitan seguir haciendo las cosas que hacemos, pues no toca más que seguir”.
— ¿Qué falta por hacer?
“Nos hace falta promover el pensamiento crítico en distintos ámbitos. El cuestionarnos realmente las bases de las cosas que damos por sentado, de las cosas que damos como verdades absolutas y creo que en la medida que una sociedad normaliza más la práctica y la promoción del pensamiento crítico, es más probable que se puedan llegar a procesos que impliquen cambios más sustanciales”.
Durante la presentación de su libro también surgió la pregunta sobre ¿qué acciones pueden emprender los ciudadanos? “No sé”, fue parte de su respuesta, para luego precisar que son las personas reunidas quienes pueden decidirlo.
“La pregunta se responde en el lugar. Lo que sí creo es que para poder responder a esas preguntas tenemos que encontrarnos… Tenemos que hacer una construcción política, hacer procesos y proyectos políticos a largo plazo, pero no desde partidos”.
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