MADRID (EFE).— Brillos, lúrex, flores multicolores y una sobredosis de optimismo marcada por el regreso a la estética de los ochenta se subió ayer a la pasarela madrileña, en la que los diseñadores hicieron que las mujeres se sintieran poderosas con sus creaciones.
La reina del color y la fantasía, Ágatha Ruiz de la Prada, rindió homenaje a Yves Saint Laurent con un cambio en la estructura de sus patrones, a los que rebajó en teatralidad, y entre los que se vieron trajes de saco y pantalón campana.
La diseñadora mostró su faceta minimalista sin perder su esencia ni intensidad en colores: pantalones bombachos de pana, andróginos y sexis al mismo tiempo, junto con blusas serigrafiadas dominaron el desfile, que cerró con un vestido de novia corto en rosa chicle con un gran corazón en el pecho.
Hannibal Laguna lanzó una mirada a las culturas de Japón a Tailandia para construir una colección de “vestidos de costura, fluidos, con guiños de ‘prêt à porter’”.
En la colección hay bordados de cristal con efecto lluvia que dibujan flores orientales en una “explosión de color”, detalles artesanales elaborados en París.
Con la imagen de los ochenta en la retina, The 2nd Skin Co se inspiró en Grace Jones, Marie Helvin y Jerry Hall para crear minivestidos de cadera suelta y cintura ceñida, en los que las hombreras, menos voluminosas que en aquella época, dan “poder a la mujer”.
Rojo intenso fue el color de los complementos de Devota&Lomba, que apostó por abrigos con mangas muy estructuradas, de gran volumen, con las proporciones aumentadas en rojo, verde lima, arena y blanco roto.
Duyos se apoyó en el “viaje de su vida” para presentar una colección que rinde homenaje a las mujeres que le han marcado. Las protagonistas del desfile fueron su hermana, su vecina y “amigas de siempre”, una manera de rendir honor a la “mujer real” que se suele olvidar en los diseños de pasarela.
