En las tres horas que duró el apoteósico concierto de Armando Manzanero en Chichén Itzá hubo más que música y canciones. Hubo Luna, hubo luz, hubo pirámide.
Hubo también magia, humor y romanticismo… Lo que no hubo fueron juguetes o cigarros para mantener quietos a los aluxes que hicieron de las suyas en pleno show, justo cuando Juan Pablo Manzanero cantaba “Amando sin amar”, que dedicó a su padre. Pero eso sucedió después.
La experiencia, de hecho, comenzó mucho antes y a varios kilómetros de distancia: en Mérida, en el Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI, donde estacionaron los autobuses que llevaron a varios de los asistentes al show. Tras dos horas de viaje y una de espera en el lugar (el concierto comenzó una hora después de lo anunciado) se efectuó una ceremonia para pedir permiso a los guardianes de los cuatro rumbos para la realización del concierto, que desde su anuncio, cuando aun no se vendía ni el primer boleto, estuvo rodeado de polémica.
Manzanero estuvo al tanto siempre, por ello en el concierto, sin hacer referencia directa a las voces que pedían el traslado del show a otro escenario, agradeció a los asistentes, a sus amigos, a Eros, Tania, Alex, Carlos, Paquito, Gaby, María Medina y Aranza. Agradeció también a las autoridades que hicieron posible que el homenaje, con el cual celebró sus casi 70 años de trayectoria, tuviera lugar a unos metros (30, según disposiciones del INAH) de El Castillo, que durante las tres horas de show estuvo iluminado como en “Las noches de Kukulcán”.
Fue a las 9:30 cuando Manzanero, “auténtico maya”, como él mismo se nombró en una ocasión al defender su derecho a presentarse en la zona arqueológica, salió vestido de traje y corbata y sin más se puso a cantar ante unas cinco mil personas (casi el mismo número de habitantes de Pisté, comunidad a la que pertenece la antigua urbe prehispánica).
Abrió con “Somos novios” y siguió con “Aquel señor”, para luego invitar a Aranza a interpretar “Nada personal”. El segundo invitado fue su hijo Juan Pablo, con quien cantó “Voy a apagar la luz”. Armando dejó solo a Juan Pablo en el escenario y comenzaron entonces las jugarretas de los aluxes.
Falló el audio, se escuchó interferencia. Juan Pablo dijo algo al micrófono y justo cuando empezaba a cantar el audio se fue y él no se dio cuenta hasta que escuchó a los de atrás que gritaban: “¡No se oye!”.
“¡Mil disculpas!”, dijo el maestro ya de vuelta al escenario para anunciar a Tania Libertad, a quien llamó su gran amiga. La peruana cantó “Por debajo de la mesa” y siguió con “Fina estampa”, de Chabuca Granda. Cerró con “Dormir contigo” a dúo con el homenajeado.
Pero sin duda uno de los momentos en los que la gente más reaccionó fue cuando apareció Alex Lora para interpretar con Manzanero “Quién da un peso por mis sueños”. El roquero en solitario brindó “Triste canción” y “Las piedras rodantes”. Las emociones se desbocaron, pues no sólo se hizo la tradicional ola con los brazos sino que también hubo mentadas.
Con esa inyección de adrenalina llegó el turno de Carlos Rivera y los aplausos se hicieron más intensos. Incluso, después de que el tlaxcalteca cantara con Manzanero “¿Sabía usted?” y “Esta tarde vi llover”, la gente comenzó a pedir otra.
Siguió Paquito D’Rivera, quien con el clarinete tocó fragmentos de “Pequeña serenata nocturna” y “Marcha turca” que, bromeó, no compuso Mozart sino Manzanero, ocasionando risas del público, que se mostró tranquilo hasta que apareció Gaby Moreno, quien interpretó “Esperaré” y “Como yo te amé”, acompañada de Paquito en el saxofón.
Minutos antes de la medianoche, el maestro anunció a Eros Ramazzotti y la multitud estalló. Muchos de los asistentes cantaron y unos más grabaron o transmitieron en vivo desde sus teléfonos celulares mientras los artistas interpretaban “Adoro” y “Contigo aprendí”. En solitario, Ramazzotti ofreció “La cosa más bella”.
En el show se brindó un espacio a la Orquesta Típica Yukalpetén, con la que Manzanero cantó “Flor de azahar”. La OTY también ejecutó “Despierta paloma” para acompañar a María Medina, última invitada y con quien Manzanero cantó “Sabes una cosa” y se animó a bailar jarana.— Iván Canul
Concierto Cierre
Armando Manzanero cerró el concierto cantando con todos los invitados en el escenario.
Encore
Al final de la intervención de María Medina se escuchó un “Gracias por venir”. La gente comenzó a retirarse cuando sonaron los acordes de “Felicidad” y al maestro y María se les unieron los demás invitados y todos juntos cantaron hasta que el reloj marcó las 12:30.
