“El Señor tiene el poder de curar, pero cuando se lo pedimos y no nos cura debemos unirnos a Jesucristo crucificado por la redención del mundo”, expresó el obispo auxiliar Pedro Mena Díaz, durante la misa que ofició ayer por la tarde en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima como parte de las actividades de la XXVI Jornada Mundial de los Enfermos.
Durante la ceremonia se dio la unción de los enfermos a los asistentes, evento en el que también formó parte el párroco local, presbítero Alejandro Álvarez Gallegos.
El obispo se refirió al Evangelio del día en el que Cristo cura a un leproso cuando éste le dice “si tú quieres, puedes curarme”.
Destacó que el leproso no le exige a Jesucristo su curación, ni lo amenaza diciendo si “en ocho días no me curas me cambio de religión”, sino que deja al Señor decidir si quiere o no hacerlo.
Señaló que a veces se le pide a Dios una cura y no sucede, pero cuando esto último ocurre se debe reflexionar en que el Señor llamó bienaventurados a los que sufren y lloran, porque ellos también serán consolados.
Dios sabe por qué es de esa manera, explicó, y hay que ponerse en sus manos y pensar qué es lo que está pidiendo a través del dolor y de la enfermedad.
“Y si se preguntan qué utilidad tiene que yo siga enfermo, a quién le hago bien estando enfermo? la respuesta nos la dijo hoy la oración: hay que unirnos a Cristo crucificado por la redención del mundo”, destacó.
“El Señor quiere que nos unamos al sufrimiento de la cruz para la salvación del mundo, por lo que debemos pensar que estamos colaborando al ofrecer la vida por dicha salvación.
“Así como estoy postrado soy un auténtico misionero”, expresó el sacerdote.
Enfatizó que al ofrecer la enfermedad, sufrimiento y dolor se puede ayudar a muchas causas, y en el caso de Yucatán se puede ofrecer por las vocaciones, para pedir que haya, por ejemplo, más mujeres que se unan a las congregaciones que sirven en los asilos de ancianos y albergues, que se están quedando sin personal pues ya no hay interés de las mujeres jóvenes en ser religiosas.
De esta manera, “deben pensar que al estar unidos a Dios en sufrimiento pueden hacer mucho bien”.
Luego de la homilía el obispo rezó la oración por los enfermos, para luego proceder con ayuda del padre Alejandro Álvarez a ungir con el sacramento de los enfermos a los presentes, pidiendo por la salud, sanación y consuelo.
Uno a uno fueron ungiendo a los enfermos, la mayoría de ellos personas adultas y de la tercera edad, aunque también se vio jóvenes.
Como parte de la ceremonia personas que realizan apostolado en los hospitales Juárez, T1, UMAE, O’Horán y HRAE renovaron su compromiso ante Dios y la Iglesia para seguir prestando este servicio a los enfermos.— Iris Ceballos Alvarado
