Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz (*)
Hay ocasiones en las que tienes que tratar con alguna persona con la que no más no se te da. La frecuencia con la que ves a esa persona y la cercanía que tengas con ella, dependerá de si es de tu grupo de amigos, de tu oficina o si pertenece, aunque parezca increíble, a tu propia familia.
Digamos primero algo respecto de cómo relacionarte con parientes con los que tienes dificultades de relación que, de entrada, resulta complicado.
Mi primera sugerencia es que ubiques si esa dificultad de relación con tu pariente es técnica o de contenido.
Una dificultad de relación técnica podría ser desde que no estén claramente establecidos los límites —de la confianza y respeto— en esa relación, hasta que pueda faltarte alguna habilidad social específica al momento de relacionarte con esa persona. Este tipo de dificultades suele resolverse a través del diálogo respetuoso y un buen entrenamiento en las habilidades sociales que sean útiles para establecer vínculos profundos y perdurables.
Las dificultades de relación que llamo de contenido, son más complejas en su estructura y más difíciles de resolver, ya que se refieren a acciones u omisiones comúnmente consideradas como intolerables o imperdonables y suelen provocar en los involucrados emociones ambivalentes, ya que pueden hacerte sentir víctima o victimario, traicionado o traicionero, inocente o culpable. Para resolver este tipo de dificultades lo más recomendable es “sanar emociones”, de lo que hablaremos la semana próxima.
Psicólogo clínico, UVHM. Especialista en Envejecimiento y manejo de Emociones, MATIA Instituto Gerontológico.Antonio Alonzo aalonzo@crehas.org
