El historiador le dedica su obra a Mérida y el amor
El maestro Adolfo Góngora López ha dejado por un momento sus bártulos de historiador para asumir, fugazmente, la condición de poeta lírico.
Por lo menos, así nos lo demuestra el último libro salido de sus manos. En sus 157 páginas no avizora pasajes de la guerra de castas o el separatismo yucateco; no se ocupa, como acostumbra, de enmendar situaciones míticas para hacerlas retornar al campo de los hechos.
En su último texto, de reciente aparición, don Adolfo avanza en dos formas poéticas de larga tradición en nuestras letras: la décima y el haikú.
Supeditada al imperio de la rima perfecta y a la identidad de los versos de arte menor, la décima ha sido baluarte de algunos grandes poetas, entre ellos Lope de Vega, Sor Juana y más modernamente la impulsiva Guadalupe Amor, de quien se festeja este año el centenario.
El maestro Góngora emplea la décima llamada espinela y sus temas son variados, desde el amor humano hasta el elogio de ciudades como Izamal o las tres Méridas (la extremeña Emérita, la nuestra y la venezolana).
En sus motivos eróticos, don Adolfo conserva el perímetro de tópicos heredados: la belleza que deslumbra, los deseos crecientes, las fugaces desconfianzas, la sinceridad de la esperanza y el temor de la ruptura.
Las décimas a las tres Méridas distinguen con precisión y afecto los limites emotivos que despiertan en el poeta la antigua urbe romana, la que se esconde al pie de los Andes y esta que cobija nuestras existencias desde la hora de nacer.
De nuestra Mérida extrae el poeta los valores de fidelidad a la tradición y apego al paisaje de calles y avenidas. Se deja llevar por su afán de investigador cuando alaba a los independistas de la iglesia de san Juan o evoca a los extremeños a cuyo tesón se debió el acta fundacional.
En los haikus, miniaturas que proceden, no del epigrama heleno, sino del ambiente oriental, Góngora López se concreta a la descripción de emociones, mas que de seres tangibles. En la brevedad de los tercetos hallamos el fantasma del ser amado y la misma gama de latidos que hallamos en las décimas. Es de esperar que este nuevo libro reciba una buena recepción en los lectores de este investigador.— Jorge H. Alvarez Rendón
