Complicaciones como cáncer por la grasa visceral
Según información de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en la mayoría de la gente el 90 por ciento de la grasa corporal es subcutánea, como dice su nombre el tipo de grasa que está justo debajo de la piel.
Si te tocas la barriga esa grasa que se siente blanda también es subcutánea.
El 10 por ciento restante, considerada visceral o intra abdominal, está “escondida” fuera de nuestro alcance, por debajo de la pared abdominal. Se encuentra en los espacios que rodean al hígado, intestinos y otros órganos.
También se almacena en el omentum, que es una especie de cortina de grasa abdominal que se extiende como si fuera un delantal por debajo de los músculos abdominales, detallan en un reportaje de BBC Mundo y que abordamos en la primera página de esta sección.
Ese omentum se vuelve más duro y grueso cuanta más grasa acoge.
Aunque la grasa visceral solo representa una pequeña proporción del total de grasa corporal, es un factor clave para problemas de salud.
Según el servicio de salud pública de Reino Unido, (NHS por sus siglas en inglés), hay muchas evidencias científicas que confirman el vínculo entre tener un exceso de grasa visceral y el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes del tipo 2.
Hay evidencias más recientes que también vinculan la grasa visceral a un aumento del riesgo de cáncer, sin embargo todavía se desconoce cual es el mecanismo biológico exacto por el que eso ocurre.
La acumulación de grasa en el hígado puede causar alteraciones metabólicas como resistencia a insulina.
La grasa visceral tiende a relacionarse con una mayor “obesidad central”, con una cintura más grande y una mayor grasa abdominal.
Según el NHS, varios estudios han demostrado que tener más grasa alrededor de la cintura puede ser más dañino que tenerla en otras áreas del cuerpo, como las piernas o las caderas.
La grasa central o abdominal ha sido asociada a la inflamación, a un mayor riesgo de diabetes y a niveles más elevados de colesterol.
Por eso cada vez más se utiliza como un indicador de salud el tamaño de la circunferencia de la cintura y su proporción con el tamaño de la cadera.
Se ha demostrado, además, que la composición y la distribución de la grasa varía entre los dos sexos.
En términos generales los hombres son más susceptibles a la obesidad central o la grasa abdominal, mientras que las mujeres tienden más a tener una distribución de tipo periférica.
