
Calcular el número de asistentes, elegir el terreno para albergarlos, llegar a acuerdos con propietarios de lotes privados, crear vías de acceso, introducir energía eléctrica y habilitar baños fueron tareas que hicieron posible que el Campo Eucarístico de Xoclán acogiera a los 800 mil participantes en la misa que Juan Pablo II ofició la noche del 11 de agosto de 1993.
Fueron trabajos de día y noche, recuerda Ramón Ugalde Burgos, director de Obras Públicas del gobierno del Estado en el momento de la visita del Papa. “Había que llevar energía eléctrica, hacer calles blancas. La gente iba a estar todo el día, había que tener baños. No iban a poder ser baños de los que vienen camiones y los limpian; en lugar de ésos se hicieron casetas metálicas y se diseñaron inodoros”, explica.
“Todos los desechos se irían a una fosa. Parte del trabajo de ingeniería fue que esas fosas sirvieran después para las futuras casas” que se construirían en el rumbo. “Hubo un proceso para controlar los olores y las infecciones, brigadas para limpiar los baños y echarles cal”.
“Otra parte fue la cruz de estructura metálica y las instalaciones que sirvieron posteriormente para la iglesia que se construyó”.
En Izamal, añade, se requirieron otros trabajos, como la pavimentación de las calles de acceso al convento franciscano, en la que se tuvo en contra la presión del tiempo a causa de las lluvias.
En su gran mayoría el área donde se celebró la misa en Xoclán formaba parte de la reserva territorial, en ese entonces regulada por la Cousey —hoy IVEY—, que dirigía Jorge Reyes Pérez.
“Se había hecho un plan general de todo el poniente de la ciudad y allá es donde tenía la Cousey más reservas”, dice el arquitecto Reyes.
Para habilitar el Campo Eucarístico “tuvieron que hacerse algunas negociaciones porque no todos los terrenos pertenecían a la Cousey, había algunos de propietarios privados a los que hubo que convencer de que nos los prestaran para que se hicieran las obras”.
“Algunos al principio dijeron que no y otros que sí, finalmente se convencieron… Eran dos o tres, pero estaban precisamente en la zona en que se estaba planteando que podía estar el altar”.
El altar fue lo que motivó un cambio en el plan maestro que se tenía para los terrenos. “Originalmente no se pensaba que hubiera algún parque”, pero al instalarse la cruz “se quiso dejar ese espacio tal como fue usado y su acceso”.
Como director de Obras Públicas al ingeniero Ugalde le correspondió ejecutar las decisiones que sobre la habilitación del Campo Eucarístico se tomaron en reuniones en las que participó el titular de la dependencia, José Calderón Lara (que en paz descanse), entre otras personas. “Hubo coordinación entre las diferentes áreas del gobierno”, apunta. “Fueron trabajos muy intensos, de muchas noches. Me quedó grabado en la mente cómo la cruz se armó abajo y fue levantándose. Fue impactante estar en ese momento, de noche, con los reflectores”.
El 11 de agosto Ugalde Burgos estuvo entre el casi millón de personas reunidas en Xoclán. “Cayó la lluvia, salió el sol, nos secamos, volvió a llover…”, recuerda de ese día, que, según confiesa, lo llenó de satisfacción. “Independientemente de las creencias que uno tenga, un papa es una personalidad que representa a una gran cantidad de gente”.— Valentina Boeta Madera

