La independencia de su país, con un vínculo yucateco
La declinación de la dinastía Yi, el deterioro de la economía, el descontento social y el acoso extranjero al reino de Choson (Corea) a finales del siglo XIX fueron las principales razones de la inmigración coreana a Yucatán, explicó Javier Corona Baeza durante la ponencia “Anécdotas e historia sobre inmigración coreana”, que impartió junto a Genny Chans Song, dentro del VII Simposio sobre Patrimonio Cultural de Mérida.
Corona Baeza, descendiente de los primeros coreanos que llegaron a Yucatán en 1905, destacó que este año se conmemora el centenario del inicio de la lucha de independencia de Corea, que era dominada por Japón.
Resaltó el hecho debido a que aquellos inmigrantes traídos para trabajar como esclavos en las haciendas henequeneras, a pesar de su precaria situación, contribuyeron con mil dólares a la independencia de su país.
“Con grandes sacrificios, quienes llegaron buscando una mejor oportunidad de vida pero encontraron el trabajo duro de cosechar las hojas del henequén y sufrieron muchas penurias, reunieron una cantidad de dinero que hicieron llegar a sus compatriotas cuando lo necesitaban”.
Ese gesto, indicó, ha hecho que los coreanos sientan un aprecio especial por los descendientes de aquellos inmigrantes que llegaron a México hace 114 años.
Coautor del libro “Yucatecos de otros rumbos” publicado en 2015, Corona Baeza indicó que fue a principios del siglo XX cuando se dio la inmigración coreana a Yucatán. “Exactamente se registra la llegada de 1,014 coreanos en el puerto de Progreso el 14 de mayo de 1905, y a la media noche o primeros minutos del día 15 llegan a la estación de trenes para ser trasladados al cuartel de Dragones (donde se encuentra el Cecuny) en el barrio de Mejorada, en espera de que lleguen los dueños de las haciendas que habían pagado por ellos”, precisó el ponente.
Uno de los aspectos poco conocidos fue que en 1892 el comerciante británico John G. Meyers viajó de Yucatán a los Imperios de China y Japón, acreditándose como comisionado por un grupo respetable de hacendados yucatecos para contratar trabajadores agrícolas para un tiempo determinado.
En primera instancia se trajo a un grupo de chinos, quienes reportaron maltrato e incumplimiento de las promesas de trabajo. De tal forma, se cree que con ayuda del japonés Jinata Terutake desplegó una campaña que le permitió reclutar a más de 1,000 coreanos para que trabajen en Yucatán.
Un primer grupo de 400 emigrantes partió el 14 de marzo de 1905 del puerto Pusán con destino al puerto de Chemulpo, en donde abordó el resto de los emigrantes, de ahí se hizo escala en el puerto japonés de Yokohama, donde abordaron otro barco de bandera inglesa que los condujo a Salinas Cruz, Oaxaca.
De Salinas Cruz viajaron por tren hasta Coatzacoalcos, donde se embarcaron en el barco de vapor “Hidalgo” con destino al puerto de Progreso. Aquel viaje fue publicado en La Revista de Mérida con el título “1,400 Coreanos”.
En su presentación, Corona Baeza dio conocer varios intentos de ciudadanos coreanos que trataron de regresar a Corea a los inmigrantes al enterarse de la situación que éstos vivían.
También compartió algunas vivencias de su abuelo, su tío abuelo y su padre.
En su turno, Genny Chans leyó un tríptico sobre el Museo de la Inmigración Coreana, que se encuentra en la calle 65 entre 44 y 46 del Centro.— Iván Canul Ek
