La llegada del primer hijo despierta múltiples emociones en los varones, que van de la alegría extrema al temor por la incertidumbre del futuro.
El príncipe Guillermo de Inglaterra saludó el nacimiento del primer hijo de su hermano Enrique, el lunes 6, con una expresión de acogida poco reconfortante: “Bienvenido a la sociedad de la privación del sueño”.

La pérdida de horas de dormir no es, sin embargo, la mayor alteración en la vida de los padres primerizos, sobre todo los de esta época, en que nuevos modelos de paternidad ganan terreno.
“Evidentemente es un cambio radical tener a un nuevo miembro en la familia, la dinámica se modifica rotundamente”, dice el psicólogo José Garfias Cáceres, quien en octubre de 2018 se convirtió en papá de Mauricio.
A él la noticia de que tendría un hijo con su esposa Marilin Quiñones Castro le produjo reacciones contrastantes: “Lo primero fue mucha alegría y, después, automáticamente, lo reconozco, mucho miedo”.
“Siempre fui una persona a la que le daba exactamente lo mismo lo que pasara”, recuerda. “Cuando me casé vino el primer cambio: sabía que ya no era solo yo, tenía la responsabilidad de estar con alguien. Cuando nació mi hijo comenzó un temor distinto, ahora me da miedo morirme por lo que implica dejarlo sin papá, independientemente de que mi esposa es una profesional y trabaja. El cuidado de mi salud ya no solo es por mí, sino por la familia que tengo”.
A diferencia de lo que sucede con la mayoría de las mujeres, a quienes la expectativa de tener un hijo las motiva a informarse de los cambios biológicos y sociales que conlleva la maternidad, en los varones no suele haber una preparación para esta etapa, admite Garfias Cáceres, maestro en Gerontología Social y con especialidad en atención del adulto mayor.
“Mi esposa cuando estaba embarazada leyó mucho sobre lo que iba a pasar. Yo, la verdad, delegué esa cuestión. Ahora que mi hijo ha nacido me doy cuenta que sí debió haber una preparación, no nada más antes, sino también después del nacimiento”, señala el especialista.
La depresión que sufren algunos varones ante la llegada del niño es un hecho que avalan estudios, explica Garfias Cáceres, también secretario general de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Yucatán. Una de las causas de esa condición es “la paradoja de que tienes que trabajar para que no falte nada en la casa y a la vez quieres estar más tiempo con tu familia y disfrutar a tu hijo”.
“La frustración de querer estar más tiempo con tu hijo, ser más afectivo con él y no poder hacerlo al final tiene un efecto emocional en los varones”, alerta.
“Una emoción común a muchos hombres es un poquito de envidia de la conexión del hijo con la mamá, que es más fuerte que con el papá”.
Aunque no ha desaparecido del todo la figura del padre ajeno al cuidado del niño y las tareas de la casa, “las cosas han cambiado”, asegura Garfias Cáceres. “En la gran mayoría de familias, mamá y papá trabajan, las labores se tienen que dividir. Es una realidad que todavía hay varones que se hacen a un lado, pero cada vez hay más que se involucran; a muchos papás les toca lavar biberones, cambiar pañales, bañar al niño”.
“La relación que antes era una díada ahora es una tríada. Uno debe tener en cuenta a su hijo, pero no abandonar la relación de pareja”, apunta.
Comunicación
“Si la comunicación es importante cuando son dos personas, cuando son tres es fundamental. Los hijos cuando crecen se dan cuenta cuándo no hay comunicación entre los papás”.
Las recomendaciones a los papás primerizos abundan, solo deben estar éstos dispuestos a prestarles atención. “Los consejos llegan, lo que pasa es que no les hacemos caso…”, afirma.
Él mismo tiene uno para ofrecer a quienes debutan como papás: “El tiempo de disfrutar con tus hijos valóralo mucho, porque en verdad crecen muy rápido”.— Valentina Boeta Madera
“La frustración de querer estar más tiempo con tu hijo, ser más afectivo con él y no poder hacerlo tiene un efecto emocional en los varones”.
La relación se intensifica
Padres refuerzan los vínculos con su descendencia
La llegada del primer bebé es tanto para mamá como para papá un momento de gozo que los lleva a ser presencias cercanas y afectuosas con el niño. Es después de unos años que se enfrentan a una nueva realidad.
“A los primerizos les toca disfrutar, soñar. Y qué bueno que sea así. Pero eso no se queda ahí, hay una realidad a muy largo plazo”, indica el doctor en Ciencias Froylán Ceballos Herrera, docente y responsable del proyecto de investigación en terapia familiar en la Universidad Anáhuac Mayab.
“La emoción que siente el papá primerizo lo deja ‘ciego’, todo es para su hijo, jamás se imagina que el niño va a tener problemas o se va a portar mal. Está todavía en la etapa de disfrute y de proveer y alegrar al niño”.
“Pero la paternidad no son tres años”, agrega. “El asunto es mantenerse en la pelea, algo que lleva años consolidar. Los niños se ríen, te abrazan y te dicen ‘papito’, pero cuando el hijo de 19 o 20 años te abraza y te dice ‘papito’ puedes saber que has cubierto un rol como papá importante”.
Ceballos Herrera sabe que esto último es posible. Es la conclusión de su estudio “Paternidad intensificada: la experiencia de viudos que han criado a sus hijos sin el apoyo de una pareja”, cuyos resultados publicó en 2016 en la revista “Enseñanza e Investigación en Psicología”.
Mediante entrevistas a hombres que, sin volverse a casar, se habían dedicado a la crianza de sus hijos después de perder a sus esposas, el investigador encontró que la experiencia de la paternidad se intensifica cuando los varones toman más conciencia de sus responsabilidades.
“Regularmente las mamás están al pendiente de los gustos, la ropa, los permisos de los hijos. El padre sí participa, pero la mamá carga más con la interacción con los hijos”, recuerda.
Eso cambia en los papás viudos que abrazan la educación de los hijos sin el apoyo de una pareja, pues “se dan cuenta que había muchas cosas en las relaciones con los hijos en las que no participaban”.
Se ve, por ejemplo, que ponen un mayor cuidado en los gastos de la familia, sacrifican gustos personales para procurar los de sus hijos, se convierten en la persona con la que los niños se abren emocionalmente y toman la práctica de actividad física como momento de desahogo.
“En la mayoría de las familias, cuando los padres castigan es porque el problema ya avanzó y normalmente no negocian. Pero cuando no hay una esposa saben que no pueden actuar así, tienen que dialogar”, explica Ceballos Herrera.
“Muchos piensan que por la situación ellos no ponen reglas; sí las ponen porque tienen que normar la vida, pero no lo hacen de manera impositiva sino que dialogan. El papel que toman es el de acercarse a los hijos y escucharlos”.
Presión
A los papás en esta situación la misma familia política los presiona con la posibilidad de casarse de nuevo, halló Ceballos Herrera. “Pero no quieren, es una elección de vida dedicarse a los hijos” y si se plantean el matrimonio lo consideran una opción para cuando su descendencia sea mayor y autónoma.
“Una de las cosas que los motiva mucho es el pacto que hicieron con su esposa antes de que falleciera y en el que hicieron promesas para sus hijos y la familia. Casi todos tratan de cumplirlas”.
“Hablan con la esposa como si ella les siguiera dando consejos, le platican lo difícil que es por lo que están pasando. Ella se vuelve un referente que los guía en las metas”, agrega.
Aunque el balance final de esos años es positivo, no les resulta fácil llegar a él, en parte porque “la sociedad no cree que los hombres puedan cumplir este rol solos”.
“Las películas, las novelas presentan a un papá con hijos que no sabe controlar y tiene que casarse”, recuerda. “Mientras sigamos creyendo que no se puede, seguiremos enfatizando que un hombre no es capaz de crecer a sus hijos. Incluso el gobierno no apoya al viudo con hijos, pero sí a la viuda con hijos”.
“Muchos hombres no se dan la oportunidad de disfrutar la paternidad porque tiene un precio: la responsabilidad. En la medida en que se comprometen reciben la recompensa de la cercanía con los hijos”, apunta Ceballos Herrera.
La razón de la lejanía paterna no la atribuye al egoísmo, sino a la comodidad de saber que alguien más se ha hecho responsable de esas tareas. “Es como si hubiera un amanecer hermoso pero tuviéramos que caminar hasta la orilla del mar para verlo, así que mejor lo vemos en la tele”.
“Estoy muy a favor de escuchar a estos papás, dan envidia de la buena. ¿Cómo nos pueden enseñar el lado intenso de ser papá..? Porque estamos viviendo muy superficialmente nuestra paternidad”.— Valentina Boeta Madera
