El cronista Jorge H. Álvarez Rendón recibirá la Medalla al Periodismo Cultural y de Espectáculos “Oswaldo Baqueiro López” el 7 de junio

El destino acercó a Jorge Álvarez a las crónicas

Desde 1973 cuando don Carlos Menéndez Navarrete, entonces subdirector de Diario de Yucatán, le encargó hacer una crónica de zarzuela, no han dejado de brotar historias de la pluma de Jorge H. Álvarez Rendón.

Entonces ni siquiera sabía qué era una crónica. Él era redactor, puesto que obtuvo tras haber sido corrector de estilo. “Don Carlos me manda un día al teatro Cordemex a una función de zarzuela, ‘Los molinos de viento’… Hice un bodrio. No conocía el género de la crónica. Don Carlos muy amable se río y me dijo: ‘La crónica tiene que ser tangencial, vuélvela a hacer. La escribí como cuatro veces hasta que quedó publicable’”.

Esa experiencia y más coberturas a recitales, inauguraciones pictóricas y presentaciones de libros lo motivaron a leer sobre pintura, danza y literatura. “Me di a la tarea de informarme cuáles eran las normas o reglas de esas artes para opinar por respeto al público lector”. Y es que desde su punto de vista, el cronista, además de tener una visión amplia, debe pensar en sus lectores, cómo llegar a ellos, qué les gusta.

Fue así como Álvarez Rendón pasó de ser abogado —estudió Derecho en la Uady— y maestro —cursó en la Normal Superior de Ciudad de México— a periodista cultural, profesión por la que el 7 de junio en el marco del día de la Libertad de Expresión recibirá la Medalla al Periodismo Cultural y de Espectáculos “Oswaldo Baqueiro López”.

“Una medalla más”, sonríe, al hacer un recuento de todas las que ha ganado, y entre las que se encuentran la Yucatán (2012) y la “Eligio Ancona” (2013), que es la que más aprecia por considerar que es la más cuidada. “Ésta es muy buena. Y en realidad debo dar gracias a mi comadre Yaz Gaspar, quien me propuso”.

Entrevistado en un hotel, donde minutos antes grabó un programa de televisión, Álvarez Rendón sonríe al recordar que su labor periodística no era algo planeado. Él daba clases en escuelas particulares cuando en 1971 surgió la oportunidad de ser corrector de estilo del Diario. “El sueldo era más de lo que ganaba como maestro y así fue como llegué al periódico, donde cubrí de todo, era sota, caballo y rey”. Y así fue hasta 1981 cuando decidió dejar el Diario para ejercer su profesión como docente.

“Don Carlos me pidió que me quedara y yo le dije: ‘Mire don Carlos, yo no ejerzo abogacía y si no ejerzo la carrera de maestro me voy a sentir frustrado, pero le ofrecí seguir escribiendo las crónicas como finalmente sucedió”.

Y es que por mucho tiempo salía del Diario a las 3 de la mañana y a las 7 ya estaba dando clases. “¿Cómo lo hice? Era joven, porque solo cuando eres joven aguantas ese tren de vida. Pero ya me daba cuenta que no iba a poder siempre y que si no iba a hacer bien mi trabajo por cansancio tenía que escoger, y entonces escogí la docencia, pero la crónica no la dejé”. Fue en esa etapa, que comenzó a coordinar el suplemento cultural del Diario y por lo cual solo iba los miércoles y sábados.

Personalidades

Durante su labor como cronista le tocó la transición de la máquina de escribir a las computadoras, por las que sintió antipatía desde aquella vez que se le borró una nota sobre la bailarina Bertha de la Peña. “Mientras escribía se fue la luz y cuando entró la planta mi nota había desaparecido. La computadora se la comió porque no la había protegido y la tuve que volver de hacer porque la plana estaba esperando”.

Bertha de la Peña fue solo una de tantos personajes aderezados con su pluma. Reseñó las visitas de Jorge Luis Borges a Uxmal y Chichén Itzá, y la de Gabriel García Márquez varado en el aeropuerto de Mérida, pero cuando recuerda las que le hizo a Sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Infante, Ermilo Abreu Gómez y Rubén Darío se le escapa una sonrisa de orgullo, y es que ya estaban muertos.

Esa serie a la que nombró “Entrevistas en frío” comenzó a raíz de una solicitud de Margarita López, hermana de José López Portillo, quien ordenó buscar los restos de Sor Juana Inés de la Cruz. Eso hizo que don Carlos le proponga “entrevistar” a la Décima Musa.

“Don Carlos me llamó y me dijo: ‘Quiero que entreviste a Sor Juana’. ¿Cómo?, le dije. ‘Sí, sí. Hazle preguntas y que la poetisa te conteste, va a ser desde luego inventiva’. Me sorprendí. Yo podía hacer las preguntas pero cómo iba a responder. Afortunadamente yo tenía las Obras Completas de Méndez Plancarte, y dije: ‘voy a hacer las preguntas y voy a encontrar las respuestas en Sor Juana’. Me dio trabajo, pero en su prosa y poesía, respondió Sor Juana, no yo”.

Unos meses después llegó el conductor de televisión, Luis Manuel Pelayo a inaugurar la estatua de Pedro Infante, y don Carlos de nuevo le encomendó entrevista al ídolo de México. “Llegué a mi casa y dije: ‘Dios mío, ¿qué voy a hacer? Afortunadamente, mi tía Josefina me dijo ‘te voy a ayudar, tengo este cancionero de Uvas Picot y él te puede contestar con sus canciones’. Así que yo no puse las respuestas, fueron las canciones”.

Para la de Ermilo Abreu Gómez se basó en el libro “La del alba sería” donde cuenta su vida de niño en Mérida. Hizo lo mismo con el encargo de Rubén Darío.

A quien no pudo entrevistar a pesar que seguía vivo y visitó Mérida en el tiempo que trabajó en el Diario, fue a Miguel Ángel Asturias, a quien admirada por sus obras “Los hombres del maíz”, “El señor presidente” y “Leyendas de Guatemala”.

Actualmente, el maestro Álvarez Rendón escribe para el Diario las crónicas de los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. “Son 46 años que llevo y espero llegar a los 50 que es mi ilusión”, señala el maestro, quien precisamente por sus crónicas en el periódico el Ayuntamiento de Mérida lo nombró cronista de la ciudad.— Iván Canul Ek

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán