El descenso del Apolo 11 en la Luna produjo diferentes ideas y sentimientos a yucatecos que atestiguaron la hazaña, que se transmitió en Mérida por el canal de televisión local
Desde emoción y admiración hasta una reflexión sobre los problemas de la Tierra y la sensación de ver “un programa cualquiera” en el televisor despertaron en losyucatecos las imágenes de Neil Armstrong y Edwin (Buzz) Aldrin descendiendo en la Luna aquel 21 de julio de 1969 en que el ser humano comenzó a escribir un nuevo capítulo en la Historia.
El alunizaje del Águila con dos de los tres tripulantes del Apolo 11 —Michael Collins permaneció en el módulo de mando mientras sus compañeros caminaban en el satélite— fue seguido en Yucatán por el canal 3 local.
La transmisión empezó el domingo 20, cerca de la medianoche, y continuó al día siguiente para mostrar a Armstrong colocar su pie izquierdo en la Luna a las 8 horas con 56 minutos y 20 segundos de la noche de Mérida.
A Isidro Ávila Villacís lo invitó el agente de ventas de la Philips a ver la transmisión en su casa y ahí el decano de los fotógrafos del Diario capturó imágenes del alunizaje en la pantalla del televisor.
En la Redacción se escribió un texto para acompañar la foto, que se acreditó a Ávila Villacís. Pero, como recuerda su autor, la descripción no precisaba las circunstancias en que se había obtenido la imagen y daba la idea equivocada de que se había tomado en el lugar de los hechos.
“Cuando salió el primer tiro se dieron cuenta y lo pararon”, señala Isidro Ávila, quien añade que el pie corregido fue más específico: “Fotos de Ávila tomadas de la transmisión de TV”.
“Cuando vino mi jubilación lo pusieron como broma: que yo había llegado antes que los astronautas”, dice.
El fotógrafo, entonces de 40 años, admite que para él la experiencia fue “como ver un programa cualquiera, sin importancia”, y, aunque para muchas personas fue una gran noticia, “aquí tuvo más impacto la muerte de Pedro Infante”. Sin embargo, el alunizaje lo hizo consciente del avance de la tecnología, algo que “yo sentí en la fotografía”.
Rosario Cáceres Álvarez no recuerda con exactitud el lugar de su casa en que vio la transmisión, pero sí que lo hizo con sus padres y le pareció “un avance enorme de la ciencia”.
La entonces directora de Trabajo Social del Ayuntamiento, de 24 años y única mujer en el equipo del primer alcalde de oposición de Mérida, Víctor Manuel Correa Rachó, también pensó que “todos estos acontecimientos no son acordes con la realidad que vivimos en la Tierra, y que gobiernos y ciudadanos en ocasiones pensamos más en otras cosas y no en lo que necesita la población de la Tierra”.
“Hace unos días veía que estaban muy preocupados de que hubiera agua en otros planetas, cuando en la Tierra hay una gran cantidad de personas que para tener agua deben ir hasta el río… Muchas veces las aguas están contaminadas y por lo general quienes sufren más son los pobres”, señala.
“No es que esté en contra de esos avances”, aclara, “sino que son para una pequeña parte de la población. Más deberíamos enfocar los esfuerzos a que la mayor parte tenga agua y educación”.
Para Carlos Pasos Novelo fue “muy emotivo ver lo que estaba ocurriendo” esa noche de julio.
El exrector de la Uady y exdirector de la Agencia de Administración Fiscal del Estado tenía 26 años y recién había egresado de la carrera de Contador Público cuando, con sus papás y hermanos, vio la transmisión en casa. “Desde el principio me sorprendió la tecnología”, afirma. “Me acuerdo de los nombres de los astronautas, de las palabras. Vivió muchos años en el recuerdo nuestro y sigue viviendo esta hazaña del hombre”.
Años después viajó con su esposa e hijos a Houston y uno de los sitios elegidos de visita fue el Centro Espacial para “ver todo lo que fue necesario hacer para el alunizaje”. “Sigo admirando la precisión con que se llevan al cabo los experimentos espaciales”.
La hazaña coincidió con las vacaciones en Progreso de monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, en esa época de 11 años. En el puerto se sentó junto a familiares, amigos y vecinos frente a una televisión en blanco y negro para ver el descenso en la Luna.
“Esa noche no fuimos a la feria ni a conversar al malecón”, relata el secretario de los Seminarios para la Sagrada Congregación del Clero. “Recuerdo una frase que me emocionó: ‘Un gran paso para la humanidad’. Salí a ver la Luna y las estrellas… y pensé: es un gran paso para la humanidad y al mismo tiempo un diminuto paso en relación al universo. Sentí al mismo tiempo la grandeza y la pequeñez del ser humano”.
“Fue tema central en todas las conversaciones en la temporada. Y que en septiembre en el colegio hicimos dibujos y llevamos recortes del Diario sobre el tema”.
“Un sacerdote diocesano y un hermano marista me hicieron reflexionar mucho sobre la ‘conquista de la Luna’ y el descuido de la vida humana en la Tierra. Que necesitábamos conquistar y vencer la pobreza, la indiferencia, la injusticia, el analfabetismo, la ignorancia, las guerras, las enfermedades, la corrupción. Nos invitaban a ser Neil Armstrong en la Tierra, en el mundo real de la humanidad”.
“Esa reflexión me llevó también a meditar que un hombre había dado un paso en la Luna; pero que lo más importante y el gran evento de toda la Historia es que el creador de la Luna y todo el universo no solo había dado un paso en la Tierra, sino que se hizo ser humano. Esa persona que llamamos Jesucristo cambió y sigue cambiando la vida de la humanidad”.
“Esta interpretación humana y cristiana del alunizaje de 1969 y que aprendí de niño contribuyó a ir tomando decisiones concretas sobre lo que es verdaderamente importante en la vida para que nuestra existencia sea muy encarnada en la Tierra y a la vez trascendente. Experimento que toda vocación cristiana, y particularmente la vocación sacerdotal, es muy de la Tierra y también muy trascendental, porque vas más allá del espacio y el tiempo terrestre”.— Valentina Boeta Madera
“Os rogamos que guiéis a estos hombres”
En los recuentos sobre la misión Apolo 11 muy probablemente no leas que un abogado chileno registró como propiedad suya a la Luna o que el arzobispo de Boston publicó una oración especial por los astronautas, ni que había unas 15 mil libras esterlinas a pagar en apuestas a quienes pronosticaron que el alunizaje sucedería antes del año 1971.
Estos hechos curiosos no llegaron a los libros de Historia, pero su difusión en las páginas del Diario en 1969 alimentaron la expectación del viaje espacial entre los yucatecos.
Aquí los compartimos nuevamente, 50 años después:
Dueño de la Luna: En 1956, el abogado y escritor chileno Jenaro Fajardo Vera fundó con varios amigos la Sociedad Interplanetaria en la ciudad de Talca y registró la Luna a su nombre para despertar el interés de sus colegas en el tema, según relató a los medios de comunicación. “En esa época estaban de moda los platillos voladores, pero aún el hombre no soñaba con llegar a otro planeta”, decía una información de la agencia UPI.
La inscripción se hizo ante el conservador de bienes raíces (una especie de notario) de Talca “cumpliendo con todos los requisitos legales chilenos”. En el registro se fijó como límite de la propiedad el espacio sideral.
Fajardo publicó durante tres días el aviso del procedimiento en un diario local y esperó los 30 que fija la ley para que alguien se presentase a reclamar. Cuando nadie lo hizo “pasó a ser dueño jurídico del satélite”.
En 1969, ante la proximidad del alunizaje, el abogado esperaba recibir propuestas de gobiernos interesados en adquirir sus títulos. “No sé cuánto voy a cobrar, pero lo cierto es que se quedará con la Luna el que pague más”, declaró.
Sin embargo, desde 1967, cuando surgió el Tratado sobre la Exploración y Uso del Espacio Exterior, está expresamente prohibido reclamar la propiedad de cualquier objeto celeste, entre ellos la Luna (México forma parte del tratado).
Apolo nuestro que estás en los cielos: Monseñor Richard Cushing, arzobispo de Boston, publicó el 11 de julio de 1969 en el diario de su arquidiócesis una oración redactada especialmente para los astronautas.
Decía lo siguiente, según la traducción de France Presse: “Dios eterno, que habéis dispuesto que el hombre sea el administrador de un universo inacabado. Y que en vuestro decreto habéis predestinado al hombre a la exploración y al aprovechamiento de vuestro universo. Dentro de breves días, tres hombres abandonarán nuestro planeta y por primera vez imprimirán la huella del pie humano sobre las superficies polvorientas de la Luna. Nos os rogamos que guiéis y protejáis a estos hombres en el momento en que inaugurarán un nuevo día y una nueva era”.
Tres días antes del inicio del viaje el papa Paulo VI pidió a los cristianos del mundo que rogasen a Dios por el exitoso descenso de los astronautas en el satélite.
Mina de oro: Una semana antes del lanzamiento, en Gran Bretaña ascendía a 15 mil libras esterlinas (36,000 dólares) el monto a pagar a quienes habían apostado que se descendería en la Luna antes de 1970 o 1971. Ante la inminencia del alunizaje, un representante de las casas de apuestas admitía que las pérdidas serían muy altas porque “los norteamericanos progresaron demasiado rápidamente” en la carrera espacial.
Ellos opinan: La hazaña motivó comentarios de figuras del arte, los espectáculos y el deporte, no todos a favor de la expedición, como informaba France Presse.
Salvador Dalí, pintor: “Yo he pintado paisajes lunares desde mi más tierna infancia. No tengo ninguna curiosidad por saber lo que allí verán los primeros hombres que a ella lleguen”.
Sofía Loren, actriz: “En cuanto a los viajes a la Luna en el futuro, no creo que sean posibles para los de mi generación, pero estoy segura que mi hijo Carlo podrá pasar sus fines de semana en la Luna, si lo desea”.
Doctor Goswami, líder espiritual del hinduismo: “El viaje de los astronautas del Apolo 11 no es nada nuevo, pues nuestros antepasados estuvieron ya en la Luna y regresaron”.
Cassius Clay (Mohamed Alí), boxeador: “Dios brindaría al hombre la posibilidad de contemplar algunas de las maravillosas cosas que creó antes de la destrucción de este mundo de miseria. Para mí, pues, el fin del mundo está cercano”.
Para soñar con los angelitos: El botiquín de la nave llevaba una docena de medicamentos, entre ellos Seconal, a disposición de Armstrong y Aldrin para dormir en las cuatro horas de reposo previas al descenso en el suelo lunar.
Mi pie izquierdo: El primer pie que Armstrong puso en la Luna fue el izquierdo. La NASA así lo dispuso para que el astronauta se mantuviera dentro del máximo de visión de Aldrin, quien siguió sus pasos.
En sus palabras: Todos conocen el mensaje que Armstrong dio a la humanidad al descender en el satélite. Menos recordado es el que Buzz Aldrin quiso compartir cuando el Águila se posó en la Luna: “Éste es el piloto del LM (módulo lunar). Quiero aprovechar esta oportunidad para pedir a todos y cada uno de los que me escuchan, quienesquiera que sean, que se detengan durante un momento para contemplar los acontecimientos de las últimas horas y den gracias (a Dios) a su manera”.— V.B.M.
