“Zaqueo sube al árbol en espera de que Jesús pase por ahí. Y

Presbítero Manuel Ceballos García

“Baja, hoy tengo que hospedarme en tu casa”

Zaqueo era un hombre rico y él sabía cómo había llegado a serlo. Dejando a un lado su conducta, su profesión era ya más que suficiente para que sus propios paisanos y los fariseos lo consideraran un hombre indeseable y un pecador público. El interés de Zaqueo por ver a Jesús se explica si suponemos que ya habría oído hablar de sus enseñanzas y milagros. Zaqueo no quiso perderse la ocasión de ver con sus propios ojos al famoso profeta de Nazaret.

Y he aquí que al pasar Jesús por donde estaba Zaqueo, le llama por su nombre y hasta se invita a comer en su casa. Zaqueo recibe más de lo que esperaba. Jesús actúa así porque ve que ésta es la voluntad de Dios: “Hoy tengo que alojarme en tu casa”, le dice. La misión de Jesús es llevar la salvación a los pecadores, y por eso no espera a que Zaqueo le invite.

La conclusión recuerda las palabras de Ez 34,16. Con esta cita Jesús se muestra como el buen pastor que busca la oveja perdida. Entrando en casa de Zaqueo, Jesús no hace otra cosa que cumplir con su misión de buen pastor. Todas estas comidas tan frecuentes que le valieron a Jesús la enemistad de los fariseos, fueron siempre un signo de reconciliación con Dios Padre en Jesucristo, su enviado.

Así pues, la historia de Zaqueo es la de una búsqueda que llega a un encuentro y a una meta. Toda la narración queda construida sobre dos verbos dinámicos para configurar la trama de una peregrinación hacia la salvación. Así, Jesús entra y atraviesa la ciudad en donde Zaqueo lleva una vida gris de burócrata: él “trata de ver” a Jesús y “corre adelante” y, para poderlo ver, “sube al árbol en espera de que Jesús “pase por ahí”. Y, cuando finalmente “llega”, Jesús “levanta la mirada” e inaugura para Zaqueo el verdadero viaje espiritual, el que tiene como meta la salvación.

Sin embargo, este “viaje” fue interpretado según dos mentalidades diversas: la de los fariseos perfeccionistas e hipócritas, que dicen: “¡Se ha hospedado en casa de un pecador!”. Y la interpretación luminosa de Cristo que, en el itinerario de Zaqueo, ve la historia de la salvación de un pecador:

“Hoy ha entrado la salvación a esta casa”. Es la narración de una conversión que se expresa con imágenes de retorno, de encuentro entre Dios y la persona. Y no hay nadie que, una vez encontrado al Señor, no transforme su vida, porque involucra y perturba.

“Voy a dar la mitad de mis bienes…”, no es una simple confesión de labios para afuera, sino la retracción auténtica de toda una vida, haciendo que surja, así, la luz de una nueva existencia.

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