La muerte es el paso hacia la vida eterna, recuerda
Contemplar a Cristo, que murió y resucitó, ayuda a entender que la muerte es un paso a la casa del Padre, expresó el obispo auxiliar monseñor Pedro Mena Díaz en la misa que ayer ofició en el Cementerio General como parte de las actividades de los días de los fieles difuntos.
El prelado recordó que cuando un familiar cercano, como un padre, madre o hijos, fallece se viven momentos difíciles, pues Dios ha dado sensibilidad a los seres humanos y por ello hay lágrimas y dolor, “pero si viene a la cabeza la idea de contemplar a Cristo que murió y resucitó, esto ayuda a ver que la muerte es un paso a la casa del Padre”.
Se refirió a la segunda lectura, de San Pablo, en la que se habla de cómo el cuerpo fue desterrado, “pero luego alcanzaremos la vida eterna”.
Indicó que aunque pasen uno, cinco o 10 años se sigue pidiendo por los difuntos y ofreciendo por ellos la eucaristía y oración para que alcancen la vida eterna.
En alusión a una frase leída en el Evangelio —“Que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor”— apuntó que ayuda a pensar en ese paso a la casa del Padre con la esperanza de mirar al Señor cara a cara.
A los asistentes de la misa dijo que la fe los movió para estar ahí conmemorando a los fieles difuntos, ofreciendo por el alma de sus familiares cercanos el tesoro más grande que ha dado Jesús: la eucaristía, que es el misterio de la entrega de Jesús para poder tener vida eterna. De tal manera que en la consagración durante la misa se recibe su sangre y su cuerpo, y se recuerda que ofreció su vida en la cruz, “murió por nosotros, para quitarnos el pecado, rompiendo el candado que nos dio la posibilidad de la vida eterna”.
Eso, afirmó, es lo que debe mover la vida de las personas: la esperanza de alcanzar la vida eterna.
-Se nos ha dicho que el grano que muere es fecundo.
El obispo auxiliar también habló de la celebración de todos los santos, que se conmemoró el 1 de noviembre, y al respecto señaló que hay abuelos o tíos que seguramente vivieron haciendo el bien y fueron casi santos, y se piensa que nadie se fijaba en ellos, pero aseguró que “Dios sí se fijó y seguramente los llevó a disfrutar de la vida eterna a su lado”.
Cuando a un santo se le canoniza, normalmente se elige el día su muerte como el día en el será recordado porque con la muerte nacieron a la vida eterna.
-Nosotros vamos librando una batalla en el día a día, hay que vencer al mal, y por ello como dijo el Papa hay que invocar al arcángel San Miguel para que nos ayude a vencer la batalla.
-Si tenemos confianza y fe vamos a ganar la batalla y estaremos en el reino de los cielos.
Por ello instó a los presentes a pedir la purificación de la fe de cada uno: “fortifiquemos la fe y esperanza para día a día vencer el egoísmo, para tener la seguridad de un día estar entre los Santos y elegidos del señor”.
Unas 600 personas asistieron a la misa que monseñor Mena ofició en el camposanto, acompañado del padre Lorenzo Mex Jiménez.— Iris Ceballos Alvarado
