Presbítero Manuel Ceballos García
“Preparen el camino del Señor”
Con este relato comienza la vida pública de Jesús, y no cabe duda que la intención de san Mateo es manifestar que la predicación de Jesús es prolongación de la predicación de Juan el Bautista. En cuanto a la persona de Juan el Bautista, san Mateo la ve a la luz del texto del profeta Isaías (40,3).
Dentro de esta perspectiva, lo importante en aquella época en la que el profeta anunciaba la vuelta del destierro, era el camino hacia la tierra de las promesas. Dios, como en los tiempos del Éxodo, marchaba con su pueblo para abrirse camino hacia la Tierra Prometida. Para san Mateo, lo importante no es que el Señor atraviese el desierto, sino que lo que hace falta es que el pueblo extienda un camino para su Señor que viene: un camino llano y recto, que le permita al Mesías llegar hasta su pueblo.
El anuncio solemne de la llegada del Mesías se hace en el desierto: el lugar donde nacen los movimientos mesiánicos. Además, san Mateo describe la vestimenta del Bautista para que los lectores piensen en Elías (2 Re 1,8). El evangelista describe el afluir de personas y más personas, impresionadas por aquellas palabras que anuncian la inminencia de la llegada del Reino mesiánico.
El profeta Isaías dibuja, pues, simbólicamente, la fisonomía de un heredero del rey David, dirigiendo su pensamiento al tronco cortado y seco, figura del pecado y de la infidelidad de la dinastía davídica. Ese Mesías que surgirá desenmascarará el mal oculto bajo las hipocresías humanas y llevará a cabo una radical purificación de las conciencias limpiando y quemando escorias y desechos del mal.
Hoy se nos presenta, pues, la Palabra de Dios con el rostro serio de las exigencias que implica la fe. Juan el Bautista y Jesús comenzaron a predicar diciendo la misma frase: “Conviértanse porque el Reino de los cielos está cerca. Y, “convertirse” significa cambiar mente y vida, cambiar camino. También significa tensión, búsqueda, decisión, incluso inquietud. También significa descubrir el rostro de Dios de la justicia porque “la justicia es el primer paso del amor, y el respeto es la fuente del abandono en Dios”, como escribió el poeta francés George Bernanos.
En cuanto a la descripción de la vestidura de Juan el Bautista, él vestía solamente con una tosca túnica de piel de camello ceñida por un cinturón de cuero. Era la vestidura característica de los nómadas. Ese atuendo recuerda el hábito del profeta como insignia, según el testimonio de Zacarías (13, 4). El dedo de Juan apunta hacia Cristo, y su voz prepara el camino del Señor que viene… Por lo tanto, la vestimenta es el signo explícito de la misión.
